De matrimonio siempre se ha hablado. Yo he escrito varias veces, pero parece que nunca oyes y lees algo que te resulte como definitivo.
Lo que sí es cierto es que hay un temor al compromiso. Ya pasó el tiempo de…contigo pan y cebolla. Hoy parece que la felicidad matrimonial tiene un precio. El precio que para muchos es alto. Tan alto como la libertad y su pérdida. La libertad es un bien excelso; patrimonio de la Humanidad y perderla les resulta cuestionable.
Pero… ¿no ha perdido la libertad el glotón? ¿Y el avaro? O el compulsivo sexual, ¿no está preso de las faldas, de los pantalones o de ambas cosas? A esto no lo llaman pérdida de libertad, lo llaman libre elección. La elección del lodazal o la charca en que quieren revolcarse.
Pero entregarse en libertad, en libertad para luchar y defender esa entrega…a eso lo llaman aborregamiento de unas ideas burguesas pasadas de moda.
A esa entrega de uno a una para siempre no entra en los cánones en los que se mueve la juventud del “que pasa tío “. Son sólo tías o tíos para disfrutar, darle gusto al cuerpo. De ese gusto y disfrute y sus consecuencias no se habla o se pasa por encima. No nos enfrentemos, o mejor dejarlo, así son más fácilmente manejables.
Pero cuando pase el tiempo, y el tiempo pasa, ya está pasando, la juventud apreciará la decencia y el pudor. Lo chabacano irá a sus orígenes, de donde no debió salir, o si acaso salir después de una prueba de maduración intelectual y de formas que le permitieran dar un tono humano a las relaciones sociales, sabiendo aparcar en su más remota intimidad esa animalidad, que puede costar, pero es el soporte natural de los bienes espirituales.
Y si hace falta excluir, se excluirá. Y si hace falta aislar, se aislará. Pero el energúmeno, el contra todo, el que no acepta la civilización tendrá que cargar con ese lastre animal que ha sido incapaz de cubrir con la hermosura de los valores humanos, que son- como la libertad-patrimonio de la Humanidad.

Por Alfredo Hernández Sacristán

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