OPINIÓN por Cesar Román

Cesar Román
Cesar Román

Suele utilizarse como tópico el axioma de que a los españoles no les interesa la política. Sesudas mentes intentan demostrarnos de manera constante que la ciudadanía abomina de los políticos y de todo lo que huela a política. Esgrimen en su defensa las encuestas del CIS, y los datos de abstención de los comicios. Sin embargo, y para no variar, estoy en desacuerdo.

Es cierto que la gente está cansada de los políticos al uso. Politiquillos de tres al cuarto que se meten en sus partiditos, medran un rato y logran un acta de lo que sea, sin que en su vida personal o profesional acreditasen nada más que los éxitos de haberse cargado de un navajazo trapero al de la otra fracción que no apoyaba a su candidato, o haber salido sin magulladura alguna del bélico enfrentamiento en un periódico local con un rival de otro partidito de siglas, no de formas, distinto al suyo. De eso, sí que está cansada la gente. Y eso es lo que reflejan las encuestas y no otra cosa.

Como también están aburridos de que la talla de nuestros políticos sea de absoluta enanez. Y no hablo en términos de estatura precisamente, sino de enanez de calidad. Todos estamos hastiados de la falta de hombres de Estado, a los que les han sustituido una especie de camarilla sin brillo y burocratillas de plastilina. Personajes como Adolfo Suárez, Felipe González, Manuel Fraga o Santiago Carrillo, se les podrá decir muchas cosas en cuanto a lo que defendían, pero eran hombres con concepto de Estado que emergen como gigantes a los que los enanos de la política actual no les llegan ni a desatar los cordones de los zapatos.

Las rencillas internas y públicas, más propias de patios de colegio y corrala lavapiesina, y el espectáculo diario de nuestros políticos en los medios de comunicación, provocan que muchos ciudadanos cambien de canal cada vez que aparece el sujeto de turno. Pero no significa que a la gente no le interesen las cosas del común, de la res pública en la mejor traducción latina de la politeia griega. A la gente sí que le importa el futuro que le dejarán a sus hijos, y el presente para poder salir adelante. Sí quieren gobernar sus vidas y repudian tener tutelas no pedidas a cargo de una clase política que se la arroga indecentemente.

Los ciudadanos quieren políticos distintos, que hagan políticas diferentes, que den soluciones concretas, a los problemas determinados que tienen. No quieren más trapos sucios lavados con el Ariel del Telediario. La gente no quiere histrionismos ni declaraciones altisonantes. La gente quiere y demanda otra cosa bien distinta. Quiere que la política se centre, porque la mayoría no quiere extremismos. Y quiere un centro firme en sus convicciones y con concepto de Estado. Esa es la razón por la que en las encuestas personajes como el ex presidente del Gobierno y fundador del CDS, Adolfo Suárez tiene picos de popularidad tan importantes y el subconsciente colectivo le ensalza. Por eso y porque tuvo la desdicha de adelantarse a su tiempo, que es lo mismo que equivocarse en su presente. Quizás Suárez desde ese mundo alejado de la realidad que le ha proporcionado su enfermedad, algún día contemple plácidamente y vea con satisfacción que todos los españoles hemos sabido crear un proyecto sugestivo de vida en común y una sociedad de hombres y mujeres libres.

Estos días, el CDS, el partido que él fundara ha vuelto a estar presente en muchos medios de comunicación, y aunque le pronostico una ardua tarea para volver a hacerse un hueco en el panorama político español, valdrá la pena seguirle, porque quizás todos esos ciudadanos huérfanos alberguen la esperanza de esa política diferente que hiciera Adolfo Suárez. De momento, al menos, su retorno es una buena noticia para la democracia y una demostración más de que a la gente sí le interesa la política, aunque no le interesen los politiquillos actuales.

*César Román es el portavoz de la Asociación Profesional de Directores de Recursos Humanos.

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