España jugó un excelente segundo tiempo, en el que labró su triunfo, con serenidad, sin fisuras, demostrando un tremendo carácter. El “Guaje” volvió a ser un cuchillo y la defensa imposible de superar, pero la clave estuvo en la fe del equipo en su triunfo.

Hay situaciones en el fútbol que se repiten por más que los encargados de evitarlas desmenucen cada jugada, cada giro, cada guiño del rival, tratando de desentrañar, además, el pensamiento del técnico rival. No parece haber, por fortuna, remedio contra eso pues de otro modo el fútbol no sería un espectáculo imprevisible, sino previsible. Por eso en ciertas ocasiones se producen movimientos que ya se han visto en otros encuentros. La noche del España-Chile, Torres, Villa e Iniesta enhebraron una jugada que acabó finalizando el último con un suave disparo que superó a Ponce y a Bravo y supuso el segundo tanto español. El gesto en el último tramo de la jugada fue el mismo: Iniesta-Villa-Iniesta, diana. Esta noche, Andrés y David, con la mediación de un espléndido taconazo añadido de Xavi, han vuelto a hacer algo parecido, de modo perfecto, aunque la rúbrica haya sido el atacante, finalizando en su segundo remate un pase en diagonal de su abastecedor ideal. Era el premio justo a un partido de tranco muy estudiado, pero en el que España fue superior en lo táctico y en su sentido del juego y, muy especialmente, en la segunda parte, en la que Portugal acabó pagando su inexorable ir y venir tras el balón, lo que se ha convertido en un martirio para sus rivales, en una especie de peregrinación vana tras la posesión del cuero y, por ende, del juego; en un “via crucis” hacia no se sabe donde que acaba con las esperanzas de sus rivales y su fe en el triunfo. Si el que te obliga a ello cuenta con el espíritu indomable de su grupo, con su inquebrantable defensa que no da opción al contrario, con su sutil medio campo y con cuchillos en su ataque, todos aquellos estudios quedan en nada.

Ciertos partidos de fútbol que tienen el color del vino viejo, el sabor de la vecindad, el tacto de la rivalidad próxima y difícil. Los que han disputado España y Portugal han sido tradicionalmente de ellos, hace mucho y hace poco. El de esta noche, en el soberbio Green Point de Ciudad del Cabo, tenía un añadido más: decidía el pase a cuartos de final de la Copa Mundial 2010 y era el primero que ambas selecciones disputaban en la fase final. Ante semejantes circunstancias suelen darse sucesos anímicos de desconocido cuño. Por ejemplo: los jugadores españoles finalizaron sus ejercicios de precalentamiento con un ejercicio inusual: un corro que debió finalizar con un grito de conjura. Suelen hacerlo muchos equipos, pero, que yo recuerde, no es norma en el nacional. Antes de eso, Casillas, capitán de la selección, repartió abrazos a sus compañeros. La tensión del encuentro obligaba a gestos emocionales de los que se dan de cuando en cuando, en las ocasiones grandes, en los desafíos supremos. Frente a Italia; contra Alemania, ambos en la Eurocopa… Ante Portugal, sí, ante Portugal. En noches especiales. A los tres minutos escasos de partido, Costa ya había desviado dos remates españoles llegados desde el lado izquierdo. Era el buen color de la España de siempre. A los seis, Villa volvió a poner a prueba al cancerbero portugués, que por tercera vez rechazó el balón.

España recobró durante buena parte de la primera mitad el aspecto de sus mejores días. Con Portugal al reclamo de cuanto pudiera hacer Ronaldo en ataque, lo que le obligaba inexorablemente a retrasarse posicionalmente, la selección encontró lo que quería, que es, además, lo mejor que tiene, el control del cuero y del campo. No era un regalo gratuito de Queiroz, sino la dependencia hacia uno de los suyos para que, aún a riesgo de no ser dueño del juego, pudiera encontrar CR7 canales de penetración. Cristiano jugó a derecha e izquierda y los suyos a tratar de evitar que el toque de España les hiciera daño. Era una táctica de limitación que no siguió la selección si bien retrasó algo más de lo habitual a Villa para romper por el interior izquierdo, con Iniesta por la derecha. El choque respondía a las exigencias absolutas de la pizarra: unos, los españoles, con su tiki taka; los otros, los lusos, amagados, esperando a dar el golpe. Tampoco era nada sorprendente, aunque esa tibieza portuguesa demostraba el gran respeto que le tenía a España.

Ante un choque tan comprometido en lo táctico las ocasiones suelen escasear. Lo uno y lo otro van indefectiblemente unidos. Portugal tuvo la primera de las suyas a los 20 minutos, tras haber sido sobresaltada más de lo que esperaba, cuando en una acción de medio campo, Tiago se encontró con hueco franco para entrar y para disparar. Hizo lo uno e hizo lo otro en posición magnífica, pero Casillas desvió con las manos el balón hacia lo alto y al mismo balón no llegó Tiago, que arrolló a Iker en su segunda intentona. Una larga jugada Xavi-Villa, que a punto estuvo de dejar al “Guaje” ante Eduardo, fue la respuesta española. Otra más llegó a los 28 minutos, al lanzar el asturiano un centro que sobrepasó el travesaño. Desde una posición de media punta, Villa se configuraba en la gran amenaza para los portugueses en un duelo de altísima tensión, pero de contenidas emociones. El partido no estaba para perder los nervios, ni las composturas, ni para salir de los escenarios previa y matemáticamente asignados por los entrenadores. Los que presumían de notables superioridades debieron quedar decepcionados. Portugal se estiró poco a poco, pero, temerosa, no sumó a su ataque, sino dos centros altos desde la izquierda que no alcanzaron ni Almeida ni Tiago.

En el último tramo de la primera mitad, el partido estaba como había empezado si bien a España le costaba llega más que al principio. El lejano marcaje de Pepe sobre Xavi tenía algo que ver en ello. Ambos equipos seguían agazapados a la espera de la gran dentellada. Un centro chut de Almeida que desvió providencialmente Puyol a los 51 pudo serlo. Y un cabezazo que rozó a los 60 el recién salido Fernando Llorente a centro de Sergio Ramos, también. La guinda al equilibrio fue un derechazo de Villa que lamió la madera de Eduardo por la derecha. La extraordinaria perseverancia del “Guaje” encontró su premio a la hora y tres minutos, tras iniciar el de Tuilla una de tantas jugadas de las suyas en el Mundial; el balón fue a Iniesta, quien, como ante Chile sólo que esta vez no fue él quien la finalizó, cruzó en diagonal, caminando desde el centro a la derecha; Villa entró, disparó, rechazó Eduardo y, de nuevo, el asturiano alcanzó el balón para marcar. A los 69 un zurdazo de Ramos que rozó el buen guardameta portugués pudo haber puesto mucho más claro el choque.

La segunda parte fue claramente de España y lo fue más después del mazazo de su mordisco que no esperaban los portugueses ni los augures. La diana sirvió como acicate para la exhibición de las mejores virtudes del equipo y para desatar los nervios de los portugueses que no veían ya la manera de controlar aquello. Queiroz recurrió a tres cambios, pero a su equipo no sólo le faltaba gente de refresco, sino gente capaz de superar una situación de adversidad en clara inferioridad de juego. España se ganó con enorme justicia su pase a cuartos por su serenidad en los momentos peligrosos, por su firmeza de espíritu, por el diseño de su dibujo, porque superó sus momentos de peligro con un formidable carácter, con un juego de maestros del ajedrez. Un temple y un carácter que nos meten en cuartos de final cuando no pocos pensaban que este equipo no sería capaz de hacerlo.

¡Pues lo ha sido!

Ficha técnica

España, 1 (Villa) ; Portugal, 0.

Alineación de los equipos.

España: Casillas; Sergio Ramos, Piqué, Puyol, Capdevila; Busquets; Iniesta, Xabi Alonso (Marchena, 93’), Xavi Hernández, Villa (Pedro, 87’); Torres (Llorente, 59’).

Portugal: Eduardo; Costa, Carvalho, Alves, Coentrao; Pepe (Pedro Mendes, 72’); Simao (Liedson, 72’), Tiago, Meireles; Ronaldo y Almeida (Danny, 59’).

Goles.
1-0 (63’). Larga jugada Villa-Iniesta-Villa, que aprovecha éste para batir al portero, tras haber rechazado Eduardo su primer disparo.

Árbitro.- El colegiado argentino Héctor Baldassi. Expulsó por roja directa a Ricardo Costa a los 89’ por darle un golpe en la cara a Capdevila. Amonestó a Xabi Alonso a los 74’.

Estadio.- Green Point de Ciudad del Cabo. Casi lleno, tras una mañana de fuerte viento y lluvia. Miles de seguidores, más españoles que portugueses, en las gradas. Ambiente excepcional y extremada deportividad entre ambas aficiones.

*Real Federación Española de Fútbol