Por Cristina Calandre Hoenigsfeld

Acaba de finalizar el 31 de julio del 2010 una exposición titulada Traspasar fronteras, un siglo de intercambio científico entre España y Alemania, que ha tenido lugar en los sótanos de la Residencia de Estudiantes [en Madrid], al lado de lo que fue un refugio antiaéreo y ahora una sala de billar, tras haber sido medio destruido, sin ni siquiera inventariarlo. Parece que un requisito esencial para que puedas exponer en la Residencia de Estudiantes es que por algún lado en el catálogo que suele ir junto a las exposiciones se ponga que “la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) fue disuelta por un decreto franquista de mayo de 1938”. Poniendo esa frase mágica tienes asegurada la financiación. Lo podemos constatar, por ejemplo, en la exposición y catálogo que tuvo lugar en el año 2007: El Laboratorio de España, la JAE, en donde lo dejan muy claro en la página 59 Sánchez Rón y Ana Romero: “El 20 de mayo de 1938, en el BOE un Decreto de 19 de mayo el Gobierno de Burgos… disuelve a la JAE…”. También esto es repetido varias veces en el libro. Si nos fijamos en el catálogo-libro de la exposición El Colegio Estudio, una aventura pedagógica de la postguerra, en la página 183 Ritama Muñoz-Rojas escribe: “… entre 1938 y 1939 se disuelve a la JAE”. Posteriormente pudo presentar un libro suyo en la Residencia, supongo que como pago. Finalmente, en el catálogo de Traspasar fronteras, un siglo de intercambio científico entre España y Alemania, en la página 151, José García Velasco dice: “… en la que se basará la legislación franquista para liquidar la JAE entre 1938 y 1939…”. En la página 189 Maricio Jauné escribe: “… En el contexto de la guerra un decreto de 1938 disolvió a la JAE…”. Esta misma profesora de la Universitat Pompeu Fabra presenta una comunicación en el X Congreso de Historia Contemporánea que tendrá lugar en la Universidad de Cantabria el 16-17 de septiembre del 2010, “Alemania en la europeización de España durante la Edad de Plata:Los becarios de la JAE”, en donde vuelve a insistir sobre la legalidad de dicho decreto franquista, al poner en la página 5: “… En el ámbito cultural científico , la JAE (1907-1938)…”, cuando la fecha correcta es 1907-1939. También en la página 27 insiste de nuevo en lo mismo: “… En el contexto de la guerra un decreto de 1938 disolvió a la JAE…”. Peligroso Caballo de Troya, por el que se va a “colar” en dicho congreso la legalización del franquismo, apoyando la tesis de la Real Academia de la Historia, que está siendo puesta en cuestión por muchos colectivos conocedores de la verdadera historia de la JAE.

Podemos preguntarnos por qué, aunque no venga a cuento, siempre cuelan ese latiguillo. Parece que no tuviera importancia, pero es fundamental. Como ya he explicado en otros textos y libros, aceptar dicho decreto que disuelve a la JAE implica aceptar que el Gobierno ilegítimo e ilegal de Burgos, de los rebeldes franquistas, es el legítimo, cosa totalmente falsa. Como ha demostrado el libro coordinado por el prestigioso investigador Ángel Viñas y publicado en el año 2010 Al Servicio de la República, diplomáticos y Guerra Civil, “el único gobierno licito y legítimo el 18 de julio de 1936 fue el republicano”. Pero todo esto pone en cuestión la Transición a la Monarquía parlamentaria en donde no hubo ruptura con el franquismo y en donde no se cuestionó su legalidad, para mantener el status quo de los vencedores. Todo lo que sea cuestionar la legalidad del franquismo va finalmente a cuestionar la dudosa legalidad de la Constitución de 1978, y por ello de la Monarquía.
En el lado opuesto se encuentra el libro editado por la Real Academia de la Historia y coordinado por la catedrática Josefina Gómez Mendoza La JAE y los académicos de la Historia en el año 2008, en donde se da por legal dicho decreto franquista., y por supuesto no se cuestiona la Transición, sino al revés, todo son alabanzas.
Lo que está muy claro es que todo lo que emanó de dicho Gobierno rebelde de Burgos a partir del 18 de julio no tiene validez jurídica, incluido dicho Decreto de disolución. La JAE estuvo activa hasta el final de la guerra civil, en marzo de 1939, y hay cientos de documentos que lo prueban.
Volviendo al catálogo, llama la atención que en todo su contenido, de más de 400 páginas, editado a todo lujo, a pesar de que estemos en tiempos de penuria económica, no se hace mención a cómo fueron financiados dichos intercambios en el periodo de 1939-45, capítulo que escribe Carlos Sáenz, pues ya está perfectamente documentado que los alemanes pagaban entre otras cosas con el oro de los dientes de los judíos exterminados en el Holocausto y que pasaban en trenes por Port-Bou, y los españoles pagaban con el wolframio que necesitaban los alemanes para construir sus tanques. También con el hambre de los españoles se pagó la ayuda alemana durante la guerra civil española (aviones, etc.).
Una ausencia aún mas imperdonable, es que ni se mencione en dicho libro cómo fueron utilizados los prisioneros republicanos, condenados al exterminio en los campos nazis, especialmente Mauthausen y que sirvieron como moneda de cambio para mejorar las relaciones hispano-alemanas durante los años de la II Guerra Mundial, teniendo así a Franco como aliado, a pesar de la neutralidad de España. Pero al no serles reconocidos la nacionalidad española, los condenó a la peor de las muertes, como a 20 de mis antepasados judíos polacos, exterminados en el Holocausto.
Ya vemos que ambos fascismos tenían intereses comunes: deshacerse de los judíos y de los republicanos.
Y también queda muy claro el enfoque ideológico sesgado de este libro-catálogo, editado por el CSIC y la DAAD (gobierno alemán), cuya dirección científica la ostenta Sandra Rebok (CSIC) y en donde no se reconoce el nombramiento de mi abuelo el Dr Luís Calandre Ibañez como subdelegado de la JAE, nombrado por el Gobierno legítimo de la II República en octubre de 1938, ya que dan por bueno el Decreto de disolución franquista.
Está muy claro dónde se han posicionado los organizadores de este libro, esto es en apoyar a la Real Academia de la Historia y su enfoque franquista de la Historia de España; no hay más que fijarse la cantidad de veces que dicho libro aparece citado. Y para darle mayor peso a su argumento han recurrido a la participación del Gobierno alemán, una socialdemocracia en plena crisis, pero por ahora desgraciadamente controlada por la rama ultraliberal, liderada por Ángela Merkel, y de la que estamos actualmente pagando las consecuencias, con sus constantes reclamos de la deuda española a Alemania.
Los alemanes, para darle “caché” científico alemán a la exposición-libro, ofrecen como trofeo a Einstein, que aparece tanto en la portada, como varias veces en el interior, cuando solo estuvo dando unas charlas unos días en España.
Pero quiero hacer una puntualización sobre este tema, que creo que es importante: Albert Einstein, judío alemán, siempre manifestó que “cuando se hicieran sus biografías no quería que le mencionaran como alemán de origen judío”, pues no quería que le relacionaran con la caracterización del alemán, definido como disciplina y nacionalismo. Los autores del catálogo no han respetado este deseo del científico, haciendo que aparezca básicamente como científico alemán, justo lo que él no deseó. Pero cuando se trata de presumir, todo vale, y el relato se convierte en propaganda.
Y hablando de relaciones hispano alemanas, mis abuelos maternos y madre, nacionalizados españoles y también judíos, como Einstein, estuvieron muy íntimamente relacionados con la colonia alemana entre los años 20 y 30. Mi madre, Ruth, fue al Colegio Alemán, mi abuela Rosa Hoenigsfeld daba conciertos de música de cámara, pues era una gran violinista formada en Viena. Pero de repente en 1933, con el auge del nazismo en Alemania, mi madre tuvo que salirse del Colegio Alemán, y mi familia fue declarada “non grata” por la colonia alemana. Menos mal que el Instituto Escuela (JAE) aceptó a mi madre en su colegio, pues ellos no eran racistas.
De ahí mi admiración por dicha Junta para Ampliación de Estudios y de sus ejemplares científicos y sabios, entre los que se encontraba mi abuelo el Dr. Calandre, director del Hospital de Carabineros situado en la Residencia de Estudiantes durante los años 1937-39 para curar a los enfermos de una epidemia de malaria y que hizo construir un refugio antiaéreo debajo, para protegerlos, debido a la cantidad de bombas que caían en dicho lugar, bombas que lanzaban desde sus aviones la aviación nazi alemana y que ahora sus descendientes han utilizado para la exposición en la que colaboran con el franquista Opus-Dei CSIC, defendiendo ambos la legalidad franquista a capa y espada, no sea que pueda volver la JAE y la República, y les pidan cuentas de lo que les hicieron ambos fascismos.

Cristina Calandre Hoenigsfeld.
Madrid, 4 de agosto del 2010.

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