Que uno de los mayores expertos en arte medieval, Jhon W. Williams, catedrático emérito de la Universidad de Pittsburg, Estados Unidos, defienda la importancia histórica del antiguo monasterio de San Salvador de Tábara y del Scriptorium que dio origen al mundialmente conocido como Beato de Tábara, es algo que no ocurre todos los días. Pero que además se disponga a pronunciar una conferencia en el propio municipio es ya algo excepcional.

De ahí que tanto el alcalde de  esta localidad, José Ramos San Primitivo, como el párroco, José Manuel Ramos Gordón, estén dando la mayor difusión posible a las actividades que, en torno a este asunto, tendrán lugar el próximo viernes en el salón de actos del Edificio del Reloj, en Tábara. El diputado de Cultura, José Luis Bermúdez, presentaba esta mañana el acontecimiento en la Diputación, convencido del interés que tanto la conferencia como la mesa redonda posterior suscitará en el mundo de la cultura.

La revolución pictórica del beato de Tábara

En efecto, además de la conferencia Tábara y la revolución pictórica del Beato que pronunciará el catedrático Jhon Williams, se  celebrará una mesa redonda integrada también por Fernando Regueras Grande, catedrático de Geografía e Historia y comisario de la exposición “Scriptorium, Tábara visigoda y mozárabe”; Antonio Matas, historiador y periodista; Lourdes Hernández Rodríguez, licenciada en Historia del Arte y técnica de turismo y Maurilio Pérez, catedrático de Filología Latina de la Universidad de León. Todos ellos, incluido el conferenciante, participan en esta actividad de forma altruista.

El centro iluminador de códices de la península

Tal como subrayaron el alcalde y el párroco de Tábara, la visita y conferencia del investigador americano, Williams, adquiere gran relevancia por su defensa pública  de la importancia que el Scriptorium del Monasterio de Tábara ha tenido en la elaboración de los códices iluminados durante el siglo X.  Una de estas excepcionales obras, el Beato de Tábara, actualmente en el Archivo Histórico Nacional,  fue concluido por el monje Emeterius, discípulo del pintor-calígrafo Magius, quien incluyó entre las interpretaciones del Apocalipsis de la Biblia, una de las imágenes más famosas del arte prerrománico hispano, la torre del monasterio tabarense con varios personajes que preparan los códices y los iluminan o pintan.

Hay que destacar que el monasterio contaba entonces con unas 600 personas, monjes y monjas, que se dedicaban a la elaboración de códices.

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