Llegaron los bisontes. Desbocadas las campanas como en los antiguos eventos, la gente salió a la calle y algunos vecinos lloraron al hacer historia, al sentir la vida de nuevo en su pueblo abandonado y los bisontes también debieron de sentir algo… Quizá, aunque hayan pasado miles de años, el olor de la vegetación no era tan lejano o quizá la naturaleza sea simplemente sencilla y sólo nosotros la complicamos con tanto estudio, tanta zona de especial protección.

Imagenes de la suelta de Bisontes Europeos en la Montaña Palentina
Imagenes de la suelta de Bisontes Europeos en la Montaña Palentina

El caso es que el macho grande decidió que su especie firmaría un pacto con los iberos, que miraban expectantes su llegada, y en cuanto salió de su caja, orgulloso, encajando con elegancia el tormento de los 5.000 kilómetros que quedaban atrás, eligió la vida y se puso a comer, sin atacar a nadie, sin lanzarse enfurecido contra el cierre o patear todo como haría cualquier caballo tras más de 100 horas de encierro. No es nada extraño, seguro que es lo que mejor sabe hacer, pero la noticia, la gran noticia, es que 700 kilos de bisonte se pusieron a comer escobas. Esas escobas que se cuentan por cientos de hectáreas en nuestra sufrida España, que son matorral, baldío, inservible, hijas del abandono ganadero y amantes del fuego que arrasa los montes, las mismas que sangran nuestra economía al desbrozarlas a mano o a máquina, esas, el bisonte, se las comió sin conocerlas de nada, sin que su especie las hubiera catalogado, estudiado o probado antes… al menos, que se sepa, durante los últimos muchíisimos años.

Y nuestro corazón se alegró, porque además de que los 7 bisontes llegaron bien a San Cebrián, sanos, fuertes e imponentes, despejaron dos incógnitas tan pronto, tan inmediatamente, que si no supiéramos que son salvajes, capturados de una naturaleza donde no existe la escoba, se diría que alguien les había aleccionado; y es que los bisontes han comido en Palencia lo que no se come nadie, lo que sólo se come el fuego produciendo grandes quebrantos a nuestra sociedad, y que lo han hecho en paz. Le deseamos sinceramente a esta especie en peligro una intensa y prolongada relación alimentaria con su entorno.

Quizá, los que pensamos en salvar al bisonte de la extinción seamos los salvados.
Preguntaba un periodista “qué le dirías a un niño de los bisontes?”. Ahora, desde la calma, encuentro la respuesta. Le diría “apréndete esta frase; papá, llévame a ver los bisontes!, llévame a ver los comedores de matorral!” pues esta es la frase del futuro para el Bisonte Europeo.

Bisonte Europeo en la Montaña Palentina
Bisonte Europeo en la Montaña Palentina

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