Amanece en Roma, y el obispo y los nueve sacerdotes zamoranos que hemos acudido a la clausura del Año Sacerdotal salimos de nuestro hospedaje. Nos encontramos como en casa, en la residencia que tienen las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada –de fundación española– en la Via della Pisana. Atrás quedó el día del viaje, que nos llevó el lunes de Zamora a Madrid, y de Madrid hasta la ciudad eterna. Con el habitual retraso del avión, empezamos a coincidir ya en Barajas con otros curas que emprendían el mismo camino. Entre ellos, algunos ya conocidos.

Y vuelvo al día que ahora terminamos, nuestra primera jornada completa en Roma. El autobús urbano 881 nos llevó, pasando por delante del Colegio Español, hasta las inmediaciones de San Pedro. De allí otro autobús nos condujo al Laterano, para tomar la antigua Vía Apia, encaminándonos a las Catacumbas de San Calixto. Éste ha sido el centro de nuestro día: visitar un lugar tan significativo para los creyentes, y celebrar allí la eucaristía.

Aunque solamente enseñan a los turistas una pequeña porción de los más de 20 kilómetros de galerías funerarias excavadas en el subsuelo de las afueras de la urbe imperial, eso basta para hacerse una idea de lo que fueron. Y para emocionarse al caminar por ellas y ver, por ejemplo, el lugar donde se encontró el cuerpo martirizado de santa Cecilia, o el primer “panteón pontificio” de la historia, con los restos de las lápidas que aún conservan los nombres de Ponciano, Antero, Lucio y Eutiquiano… obispos de Roma, algunos de los cuales sellaron su sucesión petrina con la sangre. Un gran hallazgo que a partir de 1854 nos ha llevado a conocer un elemento tan importante de los orígenes de la Iglesia de Roma, y que a nadie deja indiferente.

Al terminar nuestra visita, que se hizo breve para el interés que mostramos, la Capilla del Orante fue el lugar donde celebramos la eucaristía, uniendo al memorial del sacrificio de Jesús la memoria de los santos mártires que unieron su muerte a la del Señor, con la esperanza puesta en su misma resurrección. Presididos por nuestro obispo, tuvimos muy presente en la liturgia a toda la Diócesis de Zamora, representada de forma sencilla allí; y especialmente a los sacerdotes, por lo especial de este momento de clausura del Año Sacerdotal. Hubo un recuerdo especial para los que este año celebran su aniversario de ordenación, representados en la distancia por Pablo Castaño, párroco de Sobradillo de Palomares, que celebra sus Bodas de Oro.

Una breve y sencilla homilía le sirvió a don Gregorio para insistir en la alegría de este momento –por algo habíamos cantado con el salmista “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”– y para resaltar el hondo sentido de fidelidad a los orígenes de nuestra fe, rubricada con la sangre de tantos mártires bajo el poder de Roma. “Gracias a ellos, nuestros antepasados en la fe, nosotros somos lo que somos”. Acompañados por un matrimonio de Huelva y una familia argentina, pudimos experimentar la fortaleza del seguimiento de Cristo y la grandeza de una fraternidad eclesial que traspasa toda frontera.

De vuelta, visitamos la basílica de San Juan de Letrán, la sede del obispo romano, la “madre y cabeza de todas las Iglesias”, donde se celebraba un retiro de la Renovación Carismática, precisamente para orar por el don del sacerdocio. La música de adoración ambientaba una exposición del Santísimo, con los ojos de todos puestos en Él.

La tarde nos sirvió para diversas visitas por el centro de la ciudad, que terminaron con la visita a la iglesia de Santa María in Trastevere. Allí aprovechamos para rezar juntos las Vísperas, y dirigirnos andando tras la cena a la Plaza de San Pedro. Un momento que no puede perderse uno al visitar Roma: caminar pausadamente a través de la Via della Conciliazione contemplando la basílica iluminada en la noche. Tras ella nos esperaba el bus 881 para volver, cansados por un largo día, a la residencia de las hermanas. Que, por cierto, se llama “Casa de la Paz”. En unos momentos habrá que dormir para madrugar más mañana, miércoles. Porque entonces empezarán las actividades del Encuentro Internacional de Sacerdotes. ¡A eso hemos venido! Mañana, si Dios quiere, otra crónica contará lo sucedido. Feliz día.

Luis Santamaría del Río

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