EL CORAZÓN EN LA MIRADA, LA CÁMARA EN EL BANZO DE PIEDRA:
PIEDAD ISLA, FOTÓGRAFA DE LA MONTAÑA PALENTINA

Piedad Isla Gómez (Cervera de Pisuerga (Palencia) 1926-Madrid, 2009) estudió fotografía en el Estudio Arrieta de Oviedo en 1950 y dos años más tarde instaló un modesto estudio en su Cervera natal. Entre 1953 y 1992 recorrerá toda la Montaña Palentina ejerciendo su oficio y auténtica pasión fotográfica hasta obtener más de 200.000 clichés. Fundó además un Museo Etnográfico (1980) en una casona perteneciente antaño a Gutierre Pérez de Mier (1450-1513), camarero de los Condestables de Castilla Pedro Fernández de Velasco y Mencía de Mendoza, dedicado a la documentación, investigación y conservación de la cultura tradicional en las remotas comarcas septentrionales de Palencia y una Fundación Piedad Isla & Juan Torres (2000). Corresponsal de la Agencia EFE y de los rotativos El Norte de Castilla, Diario Palentino y Diario Montañes, ha sido una de las profesionales más destacadas del siglo XX en nuestra Comunidad.

Adalid de los valores naturales, firme defensora de la preservación del medio ambiente y solidaria con los vecinos de su entorno, sus valores y su gallardía, Piedad ha dignificado el quehacer de las gentes de los altos valles del Carrión y del Pisuerga ¡qué hermosura recorrer la Castillería, al Pernía, el Valle Estrecho, la Peña, Pineda, Mudá y Liébana! Es memoria viva de sus trabajos y sus días. De cuando las minas daban jornales y el ferrocarril Bilbao-La Robla echaba humo, pero entonces se hacía muy costoso llegar hasta Santa María de Redondo, a los pies del Tres Mares y el Valdecebollas, o Vidrieros, arrimada al imponente macizo del Curavacas. Muchas carreteras eran blancas en verano y, aún mas blancas, se convertían en verdaderas trampas durante los duros inviernos. Nos aseguraba una señorica de San Felices que lo malo era cuando relampagueaba en noviembre y soplaba el gallego, entonces venía una gordísima y podían pasar muchos días sin salir de casa, pero sin luz eléctrica, tractores ni tiendas.

El archivo fotográfico de Piedad, ahora que revalorizamos la fotografía vernácula, siempre será el mejor referente para tomar el pulso a la crónica de medio siglo, vida a borbotones forjada al rumor de sus incontables cámaras fotográficas, acariciando albarcas y librando celliscas, adivinando el sonido de sus campanos, deslumbrada por el resplandor de cada nevada de tres cuartas, retratando sus ancianos apoyados sobre las trébedes y sus quintos en algarabía, sus guajes mineros, sus prados, sus feriales, sus rutilantes lirones y sus altas cumbres repartiendo aguas entre el Duero y el Nansa.

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