De siempre, animados por Darwin, determinados “ investigadores” están dale que dale con la similitud del hombre y el mono.

Del mono siempre nos han entretenido sus monerías, que eran habitualmente imitaciones. Ahí quedaba todo y el parecido era pura coincidencia y si alguno se veía plasmado en el hacer de los simios, allá él. La indolencia de que hacían gala no era un ejemplo productivo y menos para la sostenibilidad.

“Los investigadores “azuzan al hombre para que se identifique con el mono. Ahora andan buscando parecido, y casi lo consiguen , al estudiar y ver que el genoma del orangután es en un 97% igual al humano. Eso dice un” equipo de expertos que ha conseguido la primera secuencia genética completa “de ese mono o simio, para ser exactos del orangután.

Yo, personalmente y discutible por tanto, desearía que siguiesen investigando con otros monos. Los hay con mejor catadura, más esbeltos y menos” feroches “ que el orangután. Pero me temo que seguirán investigando y cuando encuentren un genoma más identificado con el humano, será el de algunos que de tanto investigar y convivir con los simios terminarán por parecerse a ellos; o si no son los cuadrumanos los que les investigan y descubren que algunos bípedos resulta que son homínidos y terminarán por andar a cuatro manos.

No niego la evolución que es palpable viendo en lo que se puede convertir el hombre. Ha perdido su identidad y va orgulloso al encuentro del mono, sin valorar la dignidad humana y su libertad, un don que nos hace merecedores de la elección. Yo elijo ser persona, con el riesgo que supone elegir bien.

Gracias. Dios mío, por ese 3% del genoma en que difiero del de el orangután y me hace sentir esa sensación de libertad para elegir vivir libremente y en la dignidad de la persona humana

 

Alfredo Hernández Sacristán

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