José Ramón Matito: el hombre, llamado a mirar al mundo para encontrar a Dios

La segunda ponencia de las XLIII Jornadas de Teología organizadas por la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) y por el Centro Teológico “San Ildefonso” de la Diócesis de Zamora, ha estado a cargo del profesor de Filosofía José Ramón Matito Fernández, que ha abordado “La mirada sobre el mundo como lugar de encuentro con Dios”.

José Ramón Matito (Badajoz, 1970) es licenciado en Filosofía y en Teología, y doctor en Teología. Actualmente es profesor de Fenomenología e Historia de las Religiones en la UPSA, donde también es director de Relaciones Internacionales. Ha publicado artículos en revistas especializadas, y ha traducido importantes libros del alemán.

Matito comenzó señalando que “hay que elogiar a la fe cristiana por el atrevimiento de acercarse a la realidad de Dios en un momento en el que se trata de un cierto hastío de un Dios que se piensa caduco”. Hoy se quiere liberar a Dios de una visión utilitarista, evitar el Dios tapagujeros; y se quiere recuperar su significatividad en el ser humano.

Para hablar del mundo como lugar de encuentro con Dios, “hay que preguntarse primero si el hombre es capaz de mirar, si el hombre de hoy se comprende digno de credibilidad, y qué entiende el hombre de hoy por encuentro”.

La fe cristiana dice que en Cristo se realiza la salvación, porque en él, el hombre se encuentra definitivamente con Dios. Y ese encuentro nos hace reconocernos como hombres, nos revela nuestra dignidad. El Magisterio de la Iglesia vuelve una y otra vez sobre este tema, y por eso el profesor Matito expuso algunas citas fundamentales. “En Jesús, Dios es poder de vida para el hombre”, porque la fe cristiana es encarnatoria: Dios salva haciéndose presente en el mundo y en la historia, como donación de amor. Dios, cuando se da, hace ser.

La razón de Dios es darse, y por eso todo lo existente participa de esa vocación divina. El mundo es entendido como creación, y no como fruto del azar. Por eso el hombre, al mirar el mundo de forma auténtica, puede encontrarse con Dios. El cristianismo habla de una revelación natural de Dios, y remite a esa noticia de lo divino que pueden tener todos los hombres, como hace Pablo en el areópago ateniense o en la carta a los Romanos, y como repite el Concilio Vaticano II.

El sujeto que mira

Cuando el hombre contempla el mundo, ¿percibe la trascendencia como la respuesta a algo que buscaba? ¿O se trata de una mirada neutral que reconoce descubriendo? Los hombres somos relacionales, y el amor realiza nuestra relacionalidad. En nuestras relaciones, ponemos en juego nuestra persona.

“Si la mirada del hombre sobre el mundo descubre a Dios en él, es porque hay un anhelo que busca su respuesta”, explicó Matito. Y añadió que las espiritualidades orientales tienen éxito en nuestros días hoy porque el ser humano anhela mirarse hacia el interior, y esa mera invitación hace que brote la actitud positiva de intentarlo. Por eso afloran en Occidente estos grupos de tradición hindú o budista.

Sin la capacidad de interpretación por parte del hombre, no habría descubrimiento de la manifestación de Dios en la realidad. ¿Qué antropología supone el cristianismo para que podamos hablar de esto? “En primer lugar, el presupuesto ontológico: la determinación cristológica de la antropología cristiana recupera la corporalidad, que es nuestra forma de vivir en el mundo. El hombre es un cuerpo animado, con alma, que tiene un plus con respecto al resto del mundo, y esto lo capacita para poder tener un diálogo salvífico con Dios. El hombre no es sólo algo, sino alguien. No es sólo naturaleza, sino persona”.

El hombre no sólo mira, sino contempla, es decir, interpreta al mirar. Aquí está el presupuesto antropológico. Y la consideración del ser personal tiene un efecto político directo, y cuando se niega el carácter personal del hombre, viene la negación de su dignidad. Por otra parte, está el presupuesto existencial: ¿cómo es el hombre? Aquí viene la libertad, que para la fe cristiana no es sólo una facultad electiva, sino la capacidad de la persona de autodeterminarse en orden a su realización. La capacidad del hombre para el asentimiento será la razón de su libertad, si tenemos en cuenta la trascendencia.

Creaturalidad y corresponsabilidad

José Ramón Matito partió de la convicción cristiana de que el hombre es imagen de Dios, y por eso su dignidad y su valor se descubren en su relación con los demás, con el mundo y con el propio Dios. Para la fe bíblica, todo el hombre es creado por Dios, y lo son todas sus dimensiones en conjunto. Lo espiritual es comprendido como una dimensión que determina las otras dimensiones del hombre.

“Dios le sale al encuentro al hombre en la Creación, y por eso el mundo es la vocación del hombre. Éste puede optar por cómo relacionarse con él, si acogerlo o rechazarlo, y esto va a determinar su logro de la felicidad o su fracaso”, explicó el ponente. Aquí entra la teología de la gracia. El acto de la Creación y el acto de darse son dos actos distintos de la libertad de Dios, de su acción amorosa. Dios ha creado al hombre gratuitamente, y después lo hace “tú”, lo invita a un diálogo de amor.

El conocimiento

 

Dominio, en el contexto de la relación del hombre con la Creación, significa que “el hombre es el único interlocutor de Dios, y puede manifestar al Dios-amor en medio de la realidad creada. Esto no sólo trae consigo su dignidad e inviolabilidad, sino también su responsabilidad”. Se da, por lo tanto, una primacía sobre la Creación visible, pero su sentido es el servicio, y de hecho sólo en la entrega en la cruz Jesús es reconocido como rey. Además de la imagen del reino para explicar esta relación hombre-cosmos, la imagen del señor de la casa. Su fin: el amor oblativo.

El profesor Matito también se pronunció acerca de las pretendidas disputas entre ciencia y religión: “La comprensión cada vez mayor de la realidad no ha de contraponerse a la visión creyente del mundo. La existencia de un proceso no obsta a que responda a una intencionalidad. La explicación científica del mundo no puede ser una reducción materialista del mismo, y no puede entrar en conflicto con el sentido profundo de la realidad, basada en el amor”. Por último, se refirió a la estructura sacramental de la realidad secular: “el mundo es una manifestación de Dios”.

Cuando fue preguntado por la difícil situación de la fe en la actualidad, José Ramón Matito afirmó que “en esta cultura en la que aparentemente no están las huellas del Misterio, sí hay una nostalgia de ese Misterio. La situación actual es una oportunidad hermosa, porque incluso en el ambiente de la indiferencia religiosa puedes hablar del Dios que se da. La indiferencia es la peor actitud religiosa, pero incluso este ambiente es una oportunidad. En esta cultura, incluso el ser humano está en cuestión, su valor y su capacidad de mirar”.

¿Y en qué consiste este desafío? En que “hay que enseñar al hombre a mirar, a hacer silencio para poder contemplar. Para descubrir a Dios hace falta silencio interior, y mirar hacia dentro hoy da miedo, por el miedo a encontrarse con el vacío”.

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