Sus dos goles (88’ y 89’), el segundo espléndido, y otro de Xabi Alonso (106’) decidieron un partido en el que la “roja” demostró su gran carácter.

Sudáfrica abrió el marcador a los 73’ y lo cerró a los 93’, forzando la prórroga. Fue difícil de batir y obligó a un enorme esfuerzo.

La selección española ha obtenido la tercera plaza de la Copa Confederaciones en un apasionante encuentro que en la segunda mitad ha adquirido un ritmo frenético. La “roja” ha tenido que entregarse al máximo para ganar un partido que se le puso muy cuesta arriba. España encajó un tanto a los 73 minutos, lo remontó en sólo uno, 88 y 89, gracias a la soberbia actuación de Güiza, rubricada con dos dianas, la última, sensacional, y lo decidió con un tanto de Xabi Alonso en el primer minuto (106) de la segunda parte de la prórroga, tras haber igualado a dos los sudafricanos en el último instante (93’) del partido.

En la lucha por la consolación, Del Bosque fue fiel a sus principios, algo de lo que no se puede dudar vista su actitud, a pesar de que en la especulación del equipo titular se jugaba con la posibilidad de que la alineación de España fuese significativamente llamativa. Aunque dicha opción podía incluso ser razonable a tenor de que todos sus jugadores españoles habían actuado con anterioridad a la disputa del partido por el tercer puesto, salvo Diego López, dicho vuelco no se produjo o si se produjo lo fue dentro de lo que podía contemplarse. Lo que estaba en juego no era como para tomárselo ni una pizca menos en serio de lo que correspondía: la tercera plaza de la Copa, premio menor para lo que se esperaba, tras haber derrotado (2-0), precisamente a Sudáfrica en el último encuentro de la primera ronda. Una plaza honorable más allá de la obviedad de que a nadie le gusta dar facilidades y mucho menos a lo que eso puede conducir, un amargo traspié, que es lo que, finalmente, se produjo.

Así que como se trataba de alcanzar una de las tres primeras plazas, España demostró al salir que la buscaba con ganas. La “roja” tomó el campo, aunque no estaban en la alineación dos de sus más prestigiados centrocampistas, Xavi y Cesc, y con el balón controlado empezó a ejercer su hegemonía, brevemente, pero a ejercerla. A los cuatro minutos y medio, una internada de Villa por los terrenos del interior izquierdo, concluyó con un centro tiro que esperaba Torres y que sacó con las yemas de los dedos el excelente guardameta Khune; dos después, un centro procedente de la izquierda lo empalmó muy alto el “Guaje” en el segundo palo. Lo que estaba en el guión, más o menos. Lo que ha estado siempre, realmente, desde que empezó la Copa Confederaciones.

Pero el mando claro no duró demasiado. No fue fácil imponerse, ni ir mucho más allá de eso en la primera mitad. A Sudáfrica le iba en el envite lo que a España. Más  si  tenemos en cuenta el histórico deportivo de ambas selecciones, paliado por el factor ambiente y que el premio de la tercera plaza era magnífico para los locales. Sudáfrica no jugó con la velocidad, furia y ahínco desgarradores con que lo hizo ante Brasil, donde se ventilaba el pase a la final, mermadas sus fuerzas, pero incordió a España, movió bien el balón en medio campo, entorpeció las salidas de la “roja” por bandas, más por la de Cazorla, echó un pulso y, no pocas veces lo ganó, en medio campo, y acabó, como siempre, sin réditos todas sus jugadas de ataque de este periodo, unas veces por imprecisiones propias y otras porque Casillas anduvo muy serio toda la tarde.

 A los 20 minutos de partido, Villa, rápido, se plantó sólo ante Khune, pero cuando iba a disparar la pierna salvadora de Masilela lo impidió. A los 32 fue, sin embargo, Iker el que desvió un peligrosísimo remate de Pienaar, que no supo aprovechar posteriormente Booth. Sudáfrica había llegado más de lo previsto tras los comienzos del partido, aunque a los 35, un zurdazo de Riera estuvo a punto de volver a poner las cosas en su sitio. Dos más tarde le contestó Parker con un cabezazo, a raíz de la falta de Busquets que le costó la tarjeta, pero otra vez apareció, salvador, Casillas.

El movimiento del balón mejoró general y notablemente en la segunda parte, con Cazorla más hacia dentro, y el juego de España se hizo más fluido. El dominio de los dos centrales  amortiguó sensiblemente el riesgo ante Casillas y el equipo se estiró, recuperado parte de su conocido toque, y adquirió más profundidad. Villa pudo marcar a los 48’ al saque de una falta, que acabó en gol de Busquets, anulado por fuera de juego, y Riera pudo hacerlo a los 62, pero Khune detuvo su remate junto al poste. Uno más tarde, el buen cancerbero sudafricano rechazó un disparo lejano de Cazorla. Parecía que la diana de España iba tomando cuerpo, que el equipo estaba más cerca de ganar, es decir próximo a la tercera plaza. No se contaba con una de las no infrecuentes y trenzadas jugadas de Sudáfrica, que la hiló muy bien a los 73 minutos y que, además, la finalizó mejor, con un centro desde la izquierda que remató con la zurda el recién incorporado Mphela, después de fallar con la derecha.

 España se rehizo, volvió a ser la de siempre, fuerte de carácter, decidida a ganar, voluntariosa, esforzada y puesta en el campo como había que estar, frente a un adversario no menos decidido. El tono, toque, garra, fe, decisión, en resumen, que han hecho de ella lo que es y que se merecía algo más que lo que se reflejaba en el marcador. Fue Güiza el impulsor final de la “roja”. A los 88 minutos, cuando daba la impresión de estar todo resuelto, con un remate con la zurda, por abajo; uno más tarde, desde el ángulo derecho, con un precioso remate, digno del artillero que es. Fue un espléndido tanto que por si sólo merecía el triunfo. No quedaba nada, apenas un suspiro y España tenía la tercera plaza. Pero ya se sabe que los encuentros duran hasta el último segundo y el árbitro había dado tres minutos de prolongación. De una falta discutida por los jugadores salió en el segundo final un cañonazo imponente e imparable del providencial Mphela, tan providencial como Güiza. Y llegó el 2-2 y la prórroga entre el alborozo de los aficionados, aunque muchos de ellos ya habían abandonado el recinto, dando por terminado el duelo.
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La lucha por el puesto de consolación había tomado un cariz tan apasionante como inesperado. A los 101 minutos, Casillas desvió un remate peligrosísimo de Mhlongo, y tres más tarde el árbitro no vio como Sibaya desviaba con la mano el balón cabeceado por Silva. Pero en el primer minuto de la segunda parte de la prórroga España, encontró premio a su excelente segunda parte, a lo que había hecho en la Copa y a su esfuerzo y méritos, con la diana del triunfo final, encomiable y justo. Xabi Alonso sacó una falta cruzada y nadie intervino para atajarla. Tampoco Khune, sorprendido. Era el 3-2 definitivo, ganado a base de esfuerzo, sacrificio, llegada, ilusión y gol, ésas virtudes que han hecho de la “roja” lo que es. Triunfo a base de un gran sacrificio, juego, voluntad y de enorme valor que demuestra, una vez más, el carácter del campeón de Europa.  


Ficha técnica

España, 3 (Güiza, dos, y Xabi Alonso); Sudáfrica, 2 (Mphela) .
Goles.-
0-1 (73’).- Larga jugada del ataque sudafricano, que concluye con un centro que remacha el recién salido Mphela.
1-1 (88’).- Güiza amortigua un balón con el pecho y marca por bajo.
2-1 (89’).- Güiza recibe un balón de Cazorla en la esquina derecha del área, levanta la cabeza y lo coloca lejos del alcance de Khune. El cuero golpea en el palo derecho y entra. Un golazo.
2-2 (93’).- Tremendo disparo de Mphela en el saque de una falta.
3-2 (106).- Lanzamiento directo de falta de Xabi Alonso, lejos del alcance de Khune.

España: Casillas; Arbeloa, Albiol, Piqué, Capdevila; Xabi Alonso; Cazorla, Busquets (Llorente, 80’), Riera; Torres (Silva, 57’) y Villa (Güiza, 57’).

Sudáfrica: Khune; Gaxa, Booth, Mokoena, Masilela; Pienaar (Mphela, 64’), Dikgacoi, Sibaya, Modise (Van Heerden, 69’); Parker y Tshabalala (Mhlongo, 84’).

Árbitro.- El australiano Matthew Breeze. Amonestó a Busquets (38’), a Pienaar (47’)  y a Albiol (83’) y a Masilela (107’). Anuló un gol a Busquets por fuera de juego a los 48’ y no señaló penalti en una acción de Sibaya a los 104’, que desvió con la mano derecha un balón cabeceado por Silva.

Campo.- Royal Bafokeng de Rustenburg. 35.000 mil espectadores, en una tarde soleada, de temperatura agradable y con ligero viento. Joseph S Blatter, presidente de la FIFA, saludó a todos los jugadores antes de iniciarse el encuentro. Al finalizar el choque entregó a los jugadores españoles las medallas como terceros clasificados.

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