A ver cómo cuento esto sin que se me caiga el alma a los pies. Resulta que coincidía todos los días con una muchacha en el bus urbano. Con la misma, me refiero. De esas de piernas largas y finas que no sonríen ni cuando el autobús frena de repente y aparecen dos personas deslizándose hasta chocar contra las sillas de adelante. Solía llevar también la mochila a la espalda y un gorrito que la hacía una carita de niña de cuarto de la ESO. Esa apariencia de buena con voz grave y de vender ropa interior se desvanecía cuando se sentaba enfrente y se liaba un cigarrillo para fumárselo a la bajada y antes de entrar en clase. Llegué a pensar que si me miraba mientras sacaba la lengua para pasarla por el papel debía de tocar el botón rojo. Y un día que había llovido me monté en el bus equivocado por impaciente y la vi en su parada, de pasada y mojada. Otro día descubrí su nombre. No porque se lo preguntara, pues soy demasiado cobarde, y más desde que ya no puedo ir a comprar el pan al supermercado de al lado porque no me llama la cajera a la que di mi numeró en un papel arrugado sino porque una amiga la despidió por su diminutivo y yo estaba cerca. Ah, por cierto, también la veía por mi Facultad. Una historia así se merecía un principio grandioso y por eso la escribí un mensaje. No porque eso fuera un arranque espléndido sino porque ahora el amor romántico podía malinterpretarse y yo sólo quería besarla. Ni estaba enamorado de ella ni cuando lo estuviera iba a durar más que el tiempo que ella tardase en estarlo de mí. El caso es que la cosa empezó bien, con muchas risas por su parte y algún comentario ingenioso por la mía. O eso pensaba, porque de repente no hablaba con desconocidos me soltó. La pregunté si tenía una solución porque, me temía, que la que yo tenía no le iba a gustar y me envió un emoticono con un beso, anticipando el desenlace. Pensé que mira, que lo mejor el final, como dirán esos diputados que empezaron en Juventud sin Futuro y ahora con un casoplón a las afueras de Madrid y con la cigüeña viniendo.

Roberto Prada

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