El Real Madrid no fue capaz de superar a un gran Liverpool en la vuelta de octavos.

Los cuatro goles de los reds, aunque uno de ellos fuera de penalti inexistente, son incontestables. Los de Rafa Benítez supieron manejar mejor un partido en el que la ventaja de la ida aumentó con el tempranero gol de Torres y se vio reforzada por la pena máxima señalada sobre Heinze que se convirtió en el 0-2 con el que se cerró el primer asalto. Tras la reanudación Gerrard sentenció pronto un partido que se ponía demasiado cuesta arriba para los blancos, que aún encajaron un último tanto de Dossena. En los últimos veinte minutos, los madridistas lo buscaron. Merecieron el gol, pero este no llegó. A pesar de todo, los jugadores murieron con las botas puestas sobre el césped de Anfield.

Te cuentan que cuando la grada canta el himno enmudeces. Que la magia que envuelve Anfield cuando el Liverpool salta al césped minutos antes del inicio es digna de presenciar. Y te preguntas si será para tanto. Entonces ocupas tu sitio en el estadio y esperas a medio camino entre la expectación y la incredulidad. Y cuando a falta de 10 minutos para que comience el duelo más de 40.000 personas entonan al unísono el You’ll never walk alone, simplemente lo entiendes todo. Te das cuenta de que lo que estás viviendo, eso que habían intentado narrarte, es sencillamente indescriptible. Si además el invitado a la fiesta es el Real Madrid, cuando suena el himno de la Champions el vello se te eriza, la carne se te pone de gallina y un escalofrío te avisa de que vas a presenciar algo histórico. Sin duda un plus para los locales, que tienen en su afición una clara ventaja.

Justa ventaja; penalti inexistente
Con todas esas emociones en el cuerpo comenzó el choque en Anfield. La única novedad en el batallón blanco fue la titularidad que Marcelo le cedió a Sneijder. Mientras, a pocos sorprendió la presencia del Fernando Torres en el escuadrón red. No empezó precisamente el partido como habían imaginado los madridistas. Segundos después de pitar el inicio, Lass enviaba a corner el primer intento de Fernando Torres. A partir de ahí, y a tenor de la verdad, la primera mitad tuvo un claro dueño y ese fue el Liverpool. Los de Benítez sólo atacaban con cuatro hombres: Gerrard, Babel, Torres y Kuyt. Pero vaya cuatro. En el 3’ Gerrard recorta a Lass en el área y se la sirve al “9”, que apunta a matar. Mascherano se inventa una volea (4’). Gerrard saca una falta a tres metros de la frontal. Casillas. Casillas. Casillas.

La primera ocasión de los blancos llegaba a balón parado. Ramos cabeceaba fuera una falta ejecutada por Sneijder (8’). Y cuando se cumplía el primer cuarto de hora, llegaba el primer jarro de agua fría. Balón largo buscando a Torres. Pepe intenta sacar el esférico, y el ‘9’ le agarra del hombro, desestabilizándole, y el balón le llega a Kuyt, que le sirve a Torres en bandeja el pase de la muerte y el delantero no falla con su pierna derecha. El Real Madrid no sabía explotar las bandas, con Robben muy bien tapado, y con Higuaín perdido entre líneas buscando un pase que siempre tapaban Mascherano o Xabi Alonso, inconmensurables.

Los madridistas empezaban a llevar el balón y los reds a esperar la contra. Por si no fuera suficiente, el colegiado señala penalti de Heinze por considerar que toca el balón con la mano cuando al argentino le da el esférico en el hombro. Gerrard transforma la pena máxima. 0-2 y la eliminatoria cuesta arriba. Una falta de Sneijder a la que respondió Reina con una mano prodigiosa (29’), un disparo cruzado de Higuaín desde la media luna (30’) y un disparo de Sneijder a pase de Robben desde la izquierda (41’) fueron los únicos avisos del Real Madrid antes del descanso.

Sin réplica
No empezaron mejor las cosas tras la reanudación. Babel se comía una vez más la banda izquierda y retrasaba el balón para que Gerrard, que llegaba en carrera desde atrás, sentenciara de volea la eliminatoria (46’). El Real Madrid necesitaba entonces cuatro goles para remontar un partido en el que no cambió mucho el guión con la entrada de Marcelo por Robben. Los madridistas lo intentaban con más corazón que realidad. Ramos colgaba un balón desde la derecha que la bota izquierda de Raúl mandaba a la grada (50’). La respuesta de los reds siempre era al contraataque. La combinación entre Kuyt y Gerrard la atrapaba Casillas (53’).

A pesar de tener menos el balón, era el Liverpool quien manejaba el partido. Los de Benítez se replegaron y dejaron al Madrid llevar la batuta del esférico. A partir del 60’, ya sin Xabi Alonso, el centro del campo pasó a ser hegemonía madridista. Pero los ingleses tienen en el contragolpe la horma de su zapato y las tímidas acometidas madridistas parecían no llevar ya fuerza, quizá embargadas por el desánimo. Aguantaron los blancos estoicamente hasta el final, con el alma rota por la eliminación europea pero con la rabia y la raza suficientes como para remontar el vuelo.

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