El Real Madrid pone el broche de oro a 2009 con una espectacular goleada que hizo disfrutar a un inexpugnable Bernabéu

Alberto Navarro

Espectáculo, diversión y seis goles de bandera. El Real Madrid ofreció su mejor versión con un monólogo de fútbol ante un rival que se mostró impotente ante tal caudal de juego. La octava victoria consecutiva en un inexpugnable Santiago Bernabéu fue también la más vistosa para unos aficionados que acompañaron y despidieron al equipo con una cerrada ovación. Una afición que se marchó feliz y convencida de que 2010 va a ser un gran año.

RESULTADOS Y CLASIFICACIÓN DEL REAL MADRID EN LA LIGA

Era el último partido del año, pero el Real Madrid salió tan enchufado que no lo pareció. Los blancos pusieron el calor de los goles –cuatro en tan sólo una mitad- a una noche gélida en la capital de España. Y es que el encuentro no pudo empezar mejor para los intereses locales. No en vano, Higuaín sólo necesitó dos minutos para demostrar que es el delantero en mejor forma de la Liga. Los necesarios para sacar unos valiosos metros a su marcador en una eléctrica carrera, pensar fríamente en el golpeo y ejecutar, con su pierna menos buena, con la precisión de un francotirador –el argentino también marcaría el cuarto tanto de los blancos para redondear su segundo doblete en apenas una semana-. La asistencia de Marcelo no le iba a la zaga en cuanto a eficacia. Marcelo obsequió al Bernabéu con las asistencias de los dos primeros tantos

Los blancos tomaban ventaja en el marcador, pero eso no les valía. Querían brindar mucho más a su afición a base de presión, ocupación perfecta de los espacios y combinaciones rápidas. No es de extrañar, por tanto, que las ocasiones fueron llegando con esa misma velocidad. Primero fue Van der Vaart de cabeza tras un pase de Ramos desde la banda derecha (5´). Siete minutos más tarde lo intentó Cristiano Ronaldo con un golpe franco que se marchó elevado.

Van der Vaart guia el camino de la goleada

Y llegó el recital del propio Van der Vaart. El centrocampista holandés anotó dos preciosos tantos en sendos minutos. Una gran asistencia de Marcelo –la segunda de la noche- fue el preludio del primero. El brasileño pisó la pelota, se la acomodó y regaló un magistral pase a su compañero (25’). La asistencia del segundo fue obra de Ramos. La jugada recordaba con exactitud a la vivida en el minuto cinco, sólo que esta vez Van der Vaart no pudo la cabeza sino que sólo tuvo que empujar suavemente el esférico a la red con su bota (27’).

Higuaín pondría el broche de oro a un primer acto de ensueño. El argentino domó un esférico que parecía bajar con nieve desde el cielo, redondeando más tarde la hazaña con un sombrero a Paredes y una posterior volea que levantó a los espectadores de sus asientos (33’). Casillas también se sumó a la fiesta de su equipo con una gran estirada tras un disparo lejano de Lafita en la única ocasión visitante (28’). El Real Madrid se había propuesto terminar el año con un recital de juego y goles. Y a fe que lo consiguió en apenas un acto.

Cristiano se sumó a la fiesta de goles
Sólo habían trascurrido cuatro minutos de la segunda mitad y los blancos seguían a lo suyo… marcando goles. Cristiano Ronaldo puso la manita. El tanto demuestra la tremenda calidad que atesora y, sobre todo, la enorme confianza que tiene en sus capacidades futbolísticas. El portugués controló el esférico dentro del área y con la tranquilidad pasmosa que sólo tienen los cracks amagó varias veces hasta encontrar un pequeño resquicio por el que llevar el balón a la red. La sonrisa posterior de Cristiano tras el tanto era la prueba definitiva de que los blancos se divirtieron en el campo y, a su vez, llevaron el espectáculo a unas gradas que ovacionaban cada gesto técnico de los locales. El resto de la segunda parte refrendó esta teoría. Benzema celebró su cumpleaños con un gol pleno de potencia y eficacia

Benzema –saltó al campo junto a Raúl sustituyendo a Higuaín y Marcelo (62’)- rubricó la goleada de su equipo con el mejor regalo para su 22º cumpleaños. El francés sacó su fusil tras marcharse de su marcador con una descomunal potencia. El disparo se encontró con el palo antes de llegar mansamente a la red (70’). El fortín del Santiago Bernabéu –el Real Madrid ha ganado los ocho encuentro que ha disputado en su casa- disfrutaba con las evoluciones de los suyos y, un minuto más tarde, agradecía el incansable esfuerzo de Van der Vaart –Granero le sustituyó- con una atronadora ovación. La misma con la que se marcha de vacaciones un equipo que quiso homenajear al lesionado Pepe demostrando hechuras de campeón y, sobre todo, un voraz hambre de títulos.

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