El Hombre: Materia – Espíritu

Es de difícil comprensión que todo el cerebro humano, todas sus funciones puedan ser controladas, como si de reacciones físico-químicas se tratase. Si esto fuera posible, la libertad del hombre quedaría en entredicho.

La ciencia, la técnica han avanzado estos últimos años a velocidad de vértigo para conseguir lo que hace poco era inalcanzable. De ciencia ficción.

Pero el sentir consciente para amar; la entrega al ser amado, la felicidad en la entrega, esa complejidad de sentimientos cuesta creer que esté supeditada a reacciones distintas a las espirituales. Se piensa, con razones convincentes, que determinados comportamientos humanos puedan ser condicionados por influencias sobre determinadas áreas cerebrales.

Según Antonio Damasio, profesor de psicología, neurociencia y neurología de la Universidad deSouthern California, todo el proceso mental, todos se reducen, incluso la conciencia. a una fisiología neuronal. Parece demasiado “atrevido” reducir la consciencia y el yo a algo anatómico como es el cerebro y pensar que la función intelectual y la voluntad se originan en reacciones físicas.

Hay centros cerebrales específicos relacionados con la pérdida de la conciencia. Que todo es complicado, no cabe duda, como complicados somos los hombres, pero el empirismo no nos puede demostrar que una suma de percepciones y de imágenes van a dar la identidad de la persona. Existe lo individual, el yo que me hace ser protagonista y querer llegar a metas altas y fijarse en lo transcendental. En otra vida. En un Ser superior al que se siente la necesidad de amar y ser inmensamente feliz.

Desde luego que podemos ser dañados, disminuidos en nuestras funciones cerebrales del aprendizaje, o enfermedades mentales que serían patologías que hay que deslindar del individuo sano el cual reafirma su personalidad, que no se debe a una gestión neuronal. Las neuronas son importantes, importantísimas, pero ellas en sí, no piensan. Hay que distinguir entre materia y lo inmaterial que da vida a la materia. El cuerpo sin alma no existe.

Si dañamos la materia, destruimos el soporte de los actos volitivos; no podemos hacer lo que sin daño seriamos capaces. Somos responsables en cuanto somos normales. Las limitaciones condicionan nuestro actuar.

De la información al conocimiento, como afirma Brenne, premio Nobel, hay un paso cualitativo que Damasio no ha dado, o no se ha atrevido a dar

Alfredo Hernández Sacristán

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