El Barça se ha proclamado por primera vez en su historia campeón del Mundial de Clubs. Lo ha hecho tras 120 minutos de emoción y épica, al tener que remontar un 0-1 adverso. Pedro igualó en el minuto 89 y Messi dio el título en el 110.

Si hay un equipo con fútbol y fe, ese es el Barça. Nuevamente por debajo en el marcador, los azulgranas supieron igualar el partido a base de constancia, paciencia y un juego excelso, superior a la infatigable resistencia argentina y a los despropósitos arbitrales. El gol de Boselli avanzó en el primer tiempo a los sudamericanos, que defendieron su ventaja hasta la extenuación.

Ésta apareció en el minuto 89, cuando Pedro homenajeó a Iniesta –hoy ausente por lesión- y calcó su gol en Stamford Bridge. No por la forma, sí por su épica y transcendencia. El encuentro llegó a la prórroga y el Barça fue fiel a su eterno discurso. Cansó a los argentinos hasta que Messi conectó un remate con el pecho a gol. Con él, el Barça conquista su primer Mundial de Clubs y cierra un 2009 absolutamente irrepetible : no se pueden ganar más títulos que los seis logrados. Esto no es ningún sueño.

Equilibrio de fuerzas

Empezó el encuentro con un intercambio de avisos. El primero fue de Estudiantes, el segundo del Barça, a través de un Xavi que pecó de generoso solo ante el portero. Luego el partido se igualó, también gracias a la permisividad arbitral: las faltas del Barça lo eran, las permanentes entradas sobre Messi las fingía el argentino, que se llevó la primera cartulina de la final.

El árbitro y Boselli, protagonistas

El partido se tornó como quería Estudiantes. Las interrupciones eran continuas y el equipo azulgrana no lograba asociarse con comodidad. La espesura era la tónica dominante. Estudiantes tampoco ofrecía nada: sólo buscaba el contragolpe con pases largos. Eso sí, sus tres centrales ofrecían el cerrojo perfecto. Casi perfecto: en una buena triangulación del Barça Albil derriba claramente a Xavi. ¿Penalti y expulsión? El árbitro señaló saque de puerta.

Cinco minutos más tarde, quien golpearía sería Estudiantes, tras un centro desde la izquierda de Díaz al que Boselli llegó y Puyol y Abidal no. El argentino, máximo goleador de la Copa Libertadores, parte desde un posible fuera de juego. Su cabezazo es inapelable para Valdés.

El peligro llega por la izquierda

Como en la semifinal ante el Atlante, tocaba reaccionar. Y Guardiola lo ha hecho. Ha metido a Pedro y ha sacado a Keita para ganar en juego por las bandas y perder en fuerza física en el centro. Ésta no hacía falta. La ponían toda los argentinos. El Barça mejoró y mucho. Su banda izquierda, ocupada por Henry y puntualmente por Ibrahimovic, creaba peligro casi cada vez que se acercaba. Pero el gol se resistía.

Pedro obra el milagro

El acecho a la portería de los ‘Pincharratas’ era cada vez más exagerado. Guardiola mandó a Piqué a ejercer de ‘9’, porque al Barça le faltaban rematadores. E Ibrahimovic no estaba teniendo su día. Y precisamente el central azulgrana fue el que peinó un balón aéreo dividido en el área rival, dirigiéndolo hacia Pedro, que nunca perdona. Pedro se disfrazaba de Iniesta en Stamford Bridge para mantener con vida a un Barça que merecía, cuanto menos, el empate.

Jeffren, el desborde

Cuando dio inicio la prórroga ya estaban sobre el césped Touré y Jeffren, que antes del gol ya habían sustituido a Busquets y Henry. Ahora el reloj, desde el 1-0 en contra del Barça, corría a favor de los azulgranas, que seguían siendo los únicos dueños del balón. El cansancio era propiedad de los argentinos. De todos, aparte de Messi, el más incisivo era Jeffren, que superaba siempre por velocidad a Clemente. Tras 105 minutos, 1-1.

Resuelve el mejor

Evidentemente a los argentinos les interesaba salvar la prórroga como fuera y llegar a los penaltis. Al Barça nunca le gustó la suerte, sino el talento. Y éste apareció mediante el mejor jugador del mundo. Un centro de Alves desde la derecha lo remató Messi con el pecho, quizá con su corazón hoy más azulgrana que argentino, para decantar el partido. Este equipo ya ha hecho historia.

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