El CineClub Fetiche proyecta la película china «Regreso a Casa» de Zhang Yimou

Este martes 7 de febrero en los Multicines Benavente

Zhang Yimou quiere volver

El director retorna a sus esencias, al retrato sutil e íntimo de la historia de China

Cuando a Zhang Yimou le da por volver al hogar, las luces se encienden. Su morada es la primera fase de su filmografía, a la que sucedió una suerte de épica grandilocuente, de acción impresionista, hinchada hasta un barroquismo churrigueresco de narrativa imposible, la de películas como Hero (2002), La casa de las dagas voladoras (2004) y La maldición de la flor dorada (2006). Quizá aún esté en el umbral, sin lograr entrar en la excelencia de sus primeras películas, pero con Amor bajo el espino blanco (2010) y esta Regreso a casa (2014) que hoy se estrena en España, retorna a sus esencias, al retrato sutil e íntimo de la historia de China. Aquí, los ecos, la descomposición y los desmanes de la Revolución Cultural de Mao. Últimos tiempos de la purga de altos cargos del partido, de intelectuales de la República Popular. Alrededores del año 1973. Ahí se ambienta el excelente primer acto de Regreso a casa, con un padre represaliado y fuera de foco, entre la cárcel y la fuerza pero ausente de brío, y un interesantísimo tercer vértice del triángulo: una hija adolescente absolutamente convencida de los ideales del partido, en las antípodas de cualquier cuestionamiento, y muy ambiciosa en su vertiente artística, aquí el baile por la Revolución, por Mao, por su país, danzas por el pueblo con el fusil en las manos. Época de advertencias, de amenazas, de interrogatorios. Y Yimou confecciona su relato a través de un melodrama de sentimientos y sensaciones de gran apoyo musical, mejor cuando es el erhu, tradicional instrumento chino de cuerda, el que lanza sus notas desgarradas, y algo más melifluo cuando son las blanditas notas de piano las que dominan.

Película de miradas perdidas, de vidas extraviadas por culpa de la dictadura, Regreso a casa se adentra entonces, en su segunda mitad, en una metáfora acaso demasiado subrayada sobre la memoria histórica, con la que Yimou incide más en la intimidad de la familia que en la macropolítica del país, ya a finales de los años 70. Y con Gong Li, actriz fetiche de su primera época, como imagen de ese retorno a sus mejores películas de temática, tono y estilo semejantes a ésta: Qiu Ju, una mujer china (1992), ¡Vivir! (1994), El camino a casa (1999). Zhang Yimou ha encontrado las llaves de su hogar. Ya solo le falta instalarse.

‘Regreso a casa’, la amnesia de toda una revolución

La nueva película de Zhang Yimou retrata una historia de amor tocada por la Revolución Cultural china de manera sencilla pero dramática. El ganador del Oso de Oro por Sorgo Rojo estrena su último filme en España dos años después de su paso por el Festival de Cannes y la Seminci de Valladolid

Entre 1966 y 1976, Mao Zedong impulsó un movimiento social y educativo que removió los cimientos de la sociedad china. Con el fin de extender la influencia real del comunismo a todos los niveles, se llevó a cabo una «reeducación» de gran parte de la población que se tradujo en un aumento de poder del Partido Comunista y la persecución y eliminación de todo pensamiento que oliese a diferente a lo promovido por sus postulados ideológicos. No sería demasiado osado afirmar que para entender las implicaciones de la Revolución Cultural china a través del séptimo arte, la figura de Zhang Yimou es un pilar importante, por no decir fundamental. Su mirada sobre el conflicto ha conseguido internacionalizar las consecuencias psicológicas que tuvo en los habitantes del país más poblado del mundo. Ya fuera haciendo hincapié en cómo la revolución cambiaba el seno de una familia unida en Vivir, con la que ganó el Gran Premio del Jurado en Cannes de 1994, o la imposibilidad de amar libremente en Amor bajo el espino blanco, Yimou ha vuelto constantemente a replantearse lo que esta época significó para sus compatriotas. Junto a él, ejemplos como el del cine de Chen Kaige y títulos como Adiós a mi concubina o El rey de los niños, se erigen como complemento acertado para evaluar el calado histórico de la revolución. Una mancha en la memoria colectiva que ha quedado, para ambos realizadores, como una cicatriz mal cauterizada y nunca del todo curada, marcando el carácter de toda una nación. Es esta herida emocional sobre la que vuelve, conociendo bien el terreno que pisa, en Regreso a casa: un melodrama romántico sobre la amnesia, colectiva o individual, que han tenido que adoptar la generación de «reeducados» para poder hacer frente al día a día de la China posterior a la muerte de Mao.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: Drama

DIRECTOR: Zhang Yimou

REPARTO: Chen Daoming, Gong Li, Zhang Huiwen

GUIÓN: Zou Jingzhi

PAIS: China

DURACIÓN: 109 min.

DISTRIBUIDORA: Golem

ESTRENO: 05 de Agosto de 2016

Olvidar para enamorarse

La historia nos sitúa en plena Revolución Cultural. Un preso político escapa de un campo de trabajo para reunirse con su mujer e hija. La niña, que ve un peligro en el retorno de su fugitivo padre, le denuncia y la familia no consigue reunirse. Los años pasan, Mao Zedong fallece y los presos empiezan a ser liberados. Pero cuando el padre de familia pueda legalmente reunirse con su esposa, descubrirá que sufre de amnesia psicógena y es incapaz de reconocerle. Parece que, en esta ocasión, Zhang Yimou está cómodo sin aspirar a un cine mayúsculo que nos recuerde a películas de grandilocuencia visual como La linterna roja o Hero. Filmes muy diferentes entre sí pero con una capacidad para manejar la épica de una manera emocional que desarma al espectador desprevenido En Regreso a casa encontramos otro tipo de épica cargada de tristeza. Yimou la deja patente en detalles. Pequeñas pistas que nos hablan de lo paradigmático de este amor imposible. Un preso lavándose la cara en un charco de una estación de trenes en la que nadie conoce a nadie. Una bailarina excelente a quien niegan un papel importante por tener un padre «derechista». Una mujer sin recuerdos que nunca cierra la puerta por si su marido vuelve a casa algún día. Pinceladas que nos hacen pensar que los protagonistas son individuales pero sus historias son colectivas. Se lee entre líneas la voluntad de discurso político de toda una generación obligada a olvidar para sobrevivir y volver a amar. Para transmitir, Yimou carga en las espaldas de la actriz Gong Li un papel que sólo podía hacer ella. La intérprete vuelve de nuevo al cine de su examante con un portento de delicadeza y tristeza encapsulada que hace de su interpretación lo más atractivo del filme.

Tal vez sería osado decir que la condición de antiguos amantes (director y actriz vivieron un romance dentro y fuera de la pantalla a pesar de que él estuviese casado) influye en la interpretación que Gong Li hace del amor en Regreso a casa. Pero es cierto que subyace una veracidad en la tristeza de no verse reconocido en los ojos de quien una vez amaste, que es difícil transmitir si no se ha vivido. Hay magia en su mirada y Yimou la sabe captar.

Geling Yan y las grandes mujeres chinas

En la película, Gong Li interpreta a una de esas grandes mujeres que sufrieron en silencio la Revolución Cultural. Ella es la verdadera protagonista de la novela de Geling Yan en la que se basa el film. Con más de veinte títulos a sus espaldas, la autora es una de las escritoras chinas más leídas del mundo.  Después de abandonar su país tras los hechos de Tiananmén, ha recorrido el mundo publicando obras traducidas en catorce idiomas, y escribiendo guiones para el cine asiático y el hollywoodiense. Es la segunda vez que Zhang Yimou adapta una de sus novelas. En 2011 llevó al cine Las flores de la guerra, una poderosa adaptación de Las trece mujeres de Nankín que se consideró en su momento la película más cara de la historia del cine chino. El relato es también uno de sus pocos títulos de la autora que se pueden encontrar en castellano junto con La novena viuda, ambos publicados por Alfaguara. Aquella historia narraba las desventuras de un grupo de prostitutas y otro de alumnas de un convento en mitad de la segunda guerra chino-japonesa. La mujer era entonces el sintetizador del trauma histórico, pero también el único antídoto para su superación. Lo que persiste sobre el relato es que China parece haber superado su pasado pero no lo ha hecho con un final feliz. Está claro que las cosas cambian pero la historia sigue ahí, exactamente en el lugar de la memoria en el que decidimos dejarlo. Añorarla puede ser tan peligroso como ignorarla.

Aplausos para el ‘Regreso a casa’ de Yimou, la historia de un amor amnésico roto por la Revolución Cultural

El público de la 59 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) ha recibido con aplausos el ‘Regreso a Casa’ del veterano director chino Zhang Yimou, quien ha acercado al festival la historia de amor de una pareja, rota por la amnesia y la Revolución Cultural.

Protagonizada por su «habitual» Gong Li, narra la historia de la profesora Wanyu y su hija, Dandan, en pleno apogeo de la Revolución Cultural: mientras la niña, entregada a la danza, pelea por el papel protagonista en un montaje, su madre recibe la noticia de la fuga de su marido Lu Yanshi, detenido y recluido como preso político. Pero su vida da un cambio radical cuando el hombre consigue alcanzar su casa: Dandan es descartada para el papel principal por la fuga de su padre, lo que le lleva a delatarle, y Wanyu ve cómo, en un intento de llegar a él en una estación de tren, parte de su vida se disipa de su memoria fruto de una caída. La cinta, que competirá en la Sección Oficial por la Espiga de Oro, continúa con la liberación de los presos políticos y la vuelta a casa del padre, quien ignorante de la situación tan particular por la que atraviesa su mujer, tiene que afrontar, tras casi 20 años sin verla, la crudeza de su olvido. Y es que la profesora va a buscarle todos los días 5 de cada mes a la estación pero no es capaz de identificarle cuando le tiene delante; es más, inquilino en una vieja tienda de su barrio, el también profesor tiene que ir ingeniando un sistema para hacer que su esposa recupere su mente. Poco a poco y gracias a cartas, música y amistad el hombre descubrirá la relación que une a su hija y a su mujer, quien no perdona que la joven delatara a su padre y la echó de casa, y episodios del pasado de Wanyu, quien atravesó momentos dramáticos y vejatorios a la espera de que su marido, al que tiene delante y no identifica, volviera a casa.
El director Zhang Yimou nació en Xian (China) en 1950, con motivo del estallido de la Revolución Cultural, tuvo que trabajar como pastor y peón en una fábrica textil. En 1982 se graduó en Fotografía en el Instituto de Cine de Pekín y colaboró con Zhang Junchao en ‘Ocho y uno’ y con Chen Kaige en ‘Tierra amarilla’ y ‘El gran desfile’. En 1987 debutó como director con ‘Sorgo Rojo’, Oso de Plata en el Festival de Berlín y donde ya dirigió a Gong Li, protagonista de gran parte de su filmografía. ‘Semilla de crisantemo’ (1990) le valió una nominación a los Oscar y la Espiga de Oro en la 35 Semana y, en la siguiente edición, ‘La linterna roja’ consiguió el Premio a la Mejor Fotografía en Valladolid y el León de Plata en el Festival de Venecia, certamen donde conquistaría el León de Oro gracias a ‘Qiu Ju, una mujer china’ (1992). Ese galardón volvió a recaer en sus manos por su película ‘Ni uno menos’, que se proyectó en Punto de Encuentro en el año 2000. Nuevamente participó en la Sección Oficial de Valladolid dos años más tarde con ‘Happy Times’, que fue reconocida con la Espiga de Plata, el premio a la Mejor Actriz (ex aequo), el premio Fipresci y el Premio de la Juventud. En 2008 dirigió las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos de Pekín, y en 2011 Zhou Dongyu se alzó con el Premio a la Mejor Actriz en la 56 Semana gracias a su papel en ‘Amor bajo el espino blanco”.

Zhang Yimou esquiva la censura china con ‘Coming Home’, estrenada en Cannes

La película, proyectada fuera de concurso, narra una historia «pequeña» de reencuentros y olvidos con un gran trasfondo político

La película Comming Home , del director chino Zhang Yimou, una historia «pequeña» de reencuentros y olvidos con un gran trasfondo político, superó el tamiz de las autoridades de Pekín para proyectarse con éxito y fuera de concurso en la 67 edición del Festival de Cannes. «Entre treinta y sesenta personas de diferentes departamentos del Gobierno la ven. El director no puede estar presente. Ven la película y escriben sus anotaciones de lo que tiene que cortarse. También dan muy buenos consejos sobre el desarrollo de los personajes», comenta con sorna el cineasta. Su maniobra para no herir demasiadas sensibilidades consiste en «tomar una historia muy pequeña o corriente para reflejar algo grande, la sociedad de China» de la Revolución Cultural, oscuro período que va de 1966 a 1976, explica. La última película del autor de «La casa de las dagas voladoras», «Hero» o «Ni uno menos», relata el regreso a casa de Lu Yanshi, a quien encarna con ternura Chen Daoming, y se inspira en la novela «El criminal Lu Yanshi», de la escritora Yan Geling. Al volver a casa, un disidente enviado a un campo de trabajo durante dos décadas se reencontrará con su amnésica esposa Feng Wanyu incapaz de reconocerle, un papel que interpreta Gong Li, una de las actrices más celebradas de China y embajadora de buena voluntad de la Unesco.»Confío absolutamente en su actuación. Se tomó dos meses para pasar tiempo con personas que habían tenido experiencias similares», señala el director sobre su protagonista, a quien comprende por instinto tras haber alumbrado trabajos como «Ju Dou» o «La Linterna Roja». Ese regreso al hogar que evoca el título de la película (Volver, en español) será también el escenario del reencuentro del desafortunado intelectual con su hija (Zhang Huiwen), un personaje que condensa la travesía ideológica que zarpa del dogma y arriba al desencanto. Durante la entrevista con Efe, Zhang se expresa en chino y a través de una intérprete que le traduce al inglés en tercera persona para una mesa que comparten varios países no anglófonos. Habla con voz pausada y rictus serio, sentado en la terraza de un hotel de Cannes. Va vestido de negro, más bien sobrio, y de su anorak cuelgan unas gafas de sol. Cuando cruza las piernas y puede leerse Gucci en el lateral de sus calcetines oscuros. Antes de finalizar sus estudios de cine y convertirse en el director más célebre de China, un país con más de 1.300 millones de personas, Zhang Yimou (Xian, provincia de Shansi, 1951) pasó siete años trabajando en una fábrica textil, igual que uno de los personajes de su película. «Crecí en la Revolución Cultural, como el personaje del film. No tuve la misma experiencia, pero sí elementos similares en mi vida», resume el cineasta, que pertenece a lo que se conoce como la «quinta generación» del cine chino, formada por directores que empezaron a rodar después de la Revolución Cultural, como Tian Zhuangzhuang o Chen Kaige, que en 1993 ganó la Palma de Oro con «Adiós a mi concubina». La cinta, que «gustó mucho» a Steven Spielberg en un visionado privado en Los Ángeles (EE.UU.), muestra «cómo sacar algo positivo de una tragedia», agrega sobre «Coming Home». Zhang vuelca en su película una metáfora de aquellos años oscuros de feroces purgas ideológicas a través de una historia de amor y devoción que dejó buen sabor de boca a los asistentes en su estreno en el Festival de Cannes, donde no compite por unos premios que se entregarán el próximo sábado. «Se remonta a la tradición china, por ejemplo en la pintura, donde muy pocas pinceladas representan una gran imagen», sintetiza el director.

Filmografía

Fuente: Cineclub Fetiche de Benavente

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