OPINIÓN por Alfredo Hernández Sacristan

La muerte no es que sea un fracaso de la ciencia; es que constituye una realidad diaria. Y no desesperarse, hay que aceptar algo tan cierto como la vida misma.
Siempre la separación es dolorosa¸es una ruptura de algo que durante un tiempo, mas corto o mas largo ha formado la persona. Persona mas o menos relacionada, arropada por su entorno y libre para decidir.
En esa libertad, el hombre puede hacerlo, pero sabemos por experiencia que no siempre elegimos lo mas conveniente. Y aquí entra en juego la actitud del médico, que deberá, debemos actuar dialogando con el paciente y así informarle de forma completa, adecuada, comprensible y en la que, de alguna forma, habrá una orientación moral.
En febrero pasado ha tenido lugar en el Vaticano el Congreso Internacional de la Academia Pontificia para la Vida , en la que se han tratado fundamentalmente los problemas éticos relacionados con el final de la vida y la enfermedad terminal. En todos los casos se enfrentan la autonomía del placiente y la responsabilidad del médico. Discrepando de la tendencia anglosajona, extendida por muchos lugares, “ lo que decide el paciente, es en definitiva lo que debe hacerse “, es una conclusión, por desgracia extendida, del no querer padecer; es una decisión, miremos por donde la miremos de falta de valor del que se suicida. El miedo al dolor, el miedo a la incapacidad. Siempre el miedo, el miedo a lo desconocido. Falta de fé que no se acoge a la esperanza.
No hay que dejar, ¡ nunca ¡ al enfermo solo, y puede estarlo a pesar de los familiares. Hay maravillosos profesionales, que además de la técnica paliativa poseen el don de tranquilizar y animar al enfermo, a veces desasosegado, abocado a una forma de abandono al ser dejado solo con su desesperación.
Paulina Taboada, especialista en medicina paliativa, profesora de la Universidad Católica de Chile y directora del Centro de Bioética de esa Universidad, refería además,desde su experiencia, “ aprender a escuchar y así ver “ en los gestos y expresión del paciente , la realidad de su estado.
La muerte, es la paz,el fin de los dolores e inexorablemente llegará. En palabras de Mons. Elio Sgreccia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida: “ con la muerte hay que hacer las paces cuando se vive “. Pienso, particularmente,que aumenta la dificultad para conseguirlo, “ el bienestar como meta “,el hedonismo y el hedonismo imperante, y el poso que va quedando en la conciencia a consecuencia de la actuación desaprensiva del “ todo vale “.
En esos momentos está en juego la actuación de toda una vida, ver si ha merecido la pena vivir como hemos vivido y si hemos merecido el reconocimiento a nuestra actuación en el Gran Teatro del Mundo.

Alfredo Hernández Sacristan

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