En esta tierra, y posiblemente extendido a todo el planeta, hay cosas tan evidentes, tan evidentes, incuestionables, que l se denominan “perogrulladas”. Pero Grullo a la mano cerrada la llamaba puño. Claro intentar inventar esto, es como erigirse en inventor de las sopas de ajo. Esta idea me viene a la cabeza al leer la entrevista en Cultura, ABC, 22-3-2011, a Jorge Edwards, premio Cervantes, y un título al comienzo, “Creo que el alma puede salvarse con cualquier religión, incluso con ninguna”.
La citada entrevista fue con motivo de la publicación, por dicho autor, de “La muerte de Montaigne”
Que todos podemos salvarnos, qué duda cabe, si para eso hemos sido creados. Estaría bueno que Dios nos creara para condenarnos. Como si lo hiciera para que, haciendo malabarismos, y sólo juegos malabares pudiéramos concursar a una difícil plaza celeste. No, no, Sr. Edwards, Dios nos crea para que seamos felices, inmensamente felices, con una felicidad difícil de explicar. San Pablo nos lo intenta trasmitir: Ni ojo vio, ni oído oyó…
Nos promete un premio eterno. Una eternidad que es una felicidad que se sale de nuestra comprensión. Felicidad inmensa como de un instante, más o menos así la definió BenedictoXVI. No perdernos en lo que llamamos una eternidad, que se saldría de nuestra pobre imaginación. Y claro, Dios quiere salvarnos pero hay que ganárselo y nos “dota” con la Ley Natural impresa en nuestro espíritu. El no matarás, no robarás, honra a tu padre y a tu madre…etc., es conocido por las mentes equilibradas y hacen de estos mandatos ley de vida.
Pero í conoce Dios nuestro estado, después de la caída, y envía a su Hijo, a su Unigénito, para reafirmarnos en las verdades de las que el pueblo elegido tenía mayor conocimiento. Y el Hijo convivió con nosotros y murió por todos
Funda la Iglesia, que dirige al que quiere ser dirigido, por Ella y aprovecharse de los Sacramentos, que salvan, que nos mueven como canales. Y estos Sacramentos y lal Doctrina de la Iglesia, son ayudas generosas de Dios para su pueblo.
Y los católicos debemos extender esta noticia de salvación porque, D. Jorge Edwards, todos los hombres pueden salvarse, están llamados, tienen vocación a la santidad. Pero…dentro de la Iglesia Católica, las facilidades se multiplican. Solo nos pide que seamos buenos y fieles.
En estas dos conductas está el “pasaporte” para la eterna felicidad.

Alfredo Hernández Sacristán

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