OPINIÓN

Se hace camino al andar. O mejor, elegimos el camino y dejamos un rastro ( con la responsabilidad consiguiente) que ojalá pueda ser seguido por los que nos sucedan. Vamos caminando y podemos tomar decisiones, como refería el autor clásico del Siglo de Oro español : Uno era amplio y fácil de seguir, se oían risas y jolgorio en las carretas engalanadas. Gentes divertidas, con la alegría del animal sano. Movimiento de rabo insustancial del bien comido. Pero ese camino amplio, carretero, terminaba en un precipicio.

El otro, era seguido por gentes alegres en la dificultad del sendero. Venciéndolas y aguantando contradicciones, pero terminaba en la felicidad eterna. Felicidad premiada por quien nos precedió para señalarnos la senda victoriosa del atleta de Dios – como definieron a Juan Pablo II –para quien la principal habría sido practicar la justicia y pasar por la tierra haciendo el bien.
El camino equivocado ( cada cual que piense lo que quiera ) que siguen aquellos para los que la mentira, la calumnia, el engaño, la maledicencia. La crítica, jamás constructiva, intentando ridiculizar a los que no piensan como ellos, demonizando, en nombre de una mal entendida democracia ( yo añadiría, proistituida democracia) , todas y cada una de sus opiniones. Eso sí, dejando boquiabiertos a los que confían en ellos sin saber que algún día les defraudarán. Emplean palabras huecas que interpretan una sinfonía de encantador de serpientes.
A todos, a todas, nos pondrá la historia de nuestras vidas en el lugar que nos corresponda, y los aplausos se convertirán en lanzas, porque no se puede estar engañando perennemente; y cuando se cierre el libro de nuestra vida, cada uno habrá dejado el rastro correspondiente, que el de algunos será intransitable, sembrado de inutilidades.
El consuelo del bien hacer, de la honradez y la honestidad hará, que incluso en la tierra y sin esperar a la posteridad, verá el fruto de lo sembrado.
Me vienen a la cabeza las estrofas de…como consuela el pensar, que mi paso por la tierra, viaje es de mi alma viajera, y que hay una eternidad.
El mundo aquí no acaba, es simplemente un itinerar; un itinerario sorteando obstáculos en el camino de las dificultades. Respetando, incluso las opiniones no acordes con las nuestras. ayudando en la medida en que podamos.
Consuela pensar, al menos de vez en cuando, que la vida es corta y el tiempo pasa inexorablemente y hay un fín, un final del camino: Precipicio o gloria. Debemos elegir cuando aún es tiempo. Merece la pena pensar.

Autor: Alfredo Hernández Sacristán

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