“Los mayores enemigos de Chopin son los pianistas”

El joven intérprete ruso Andrey Yaroshinky junto al piano de cola en la sede de la Fundación Eutherpe. M. MARCOS
El joven intérprete ruso Andrey Yaroshinky junto al piano de cola en la sede de la Fundación Eutherpe. M. MARCOS

El joven pianista ruso Andrey Yaroshinsky se ha convertido en un clásico de la programación musical que lleva a cabo la Fundación Eutherpe. A este –según reza su currículo– discípulo del maestro Joaquín Soriano, Eutherpe confió el concierto de clausura de sus actividades en 2008 y el de apertura del presente curso, además de participar este mismo año en los tres eventos más importantes organizados por la Fundación que preside Margarita Morais, como han sido el III Encuentro Internacional de Jóvenes Pianistas ‘Reino de León’, que tuvo lugar el pasado mes de abril en el parador de San Marcos; el Festival Internacional de Piano celebrado en julio en el Auditorio con motivo de los actos conmemorativos del 1.100 aniversario del Reino de León, y en la actualidad las VII Clases magistrales para jóvenes pianistas, directores y jóvenes orquestas que se vienen desarrollando en el Auditorio Ciudad de León bajo la supervisión del director de orquesta Bruno Aprea y de su mentor, el maestro Soriano. Sobre la influencia que el veterano pianista leonés ha ejercido en su carrera, Yaroshinsky asegura que en realidad ha tenido varios profesores en su vida. Todos ellos han aportado conocimientos que le han enriquecido como intérprete. “El maestro Soriano me ha enseñado nuevas maneras de pensar en caminos profesionales. Tocar con él en el festival de julio me hizo muy feliz y puedo decir que me alegra poder seguir estudiando con él y aprendiendo de él, como persona y como músico”.
La interpretación que hizo Yaroshinsky de las Mazurkas de Chopin en el XV Concurso Internacional de Piano que lleva el nombre del insigne compositor polaco ha sido incluida, junto a las de otros grandes pianistas de la historia como Rubinstein, Michelangeli o Friedman, dentro de un proyecto internacional que investiga los cambios que se han producido en la interpretación de estas composiciones en los últimos 150 años. Este importante dato me sirve de pretexto para preguntar al joven pianista cómo ha evolucionado la interpretación en el último siglo y más en concreto de la música de Chopin. “Lo más difícil de interpretar a Chopin reside paradójicamente en su sencillez. Una vez que has logrado superar las dificultades técnicas queda la sencillez, que es algo consustancial a la música de Chopin”, explica Yaroshinky, que no tiene reparo al asegurar que “los mayores enemigos de Chopin son los pianistas”. Este comentario puede resultar chocante viniendo precisamente de un pianista. Pero Yaroshinky lo justifica diciendo que “millones de personas tocan a Chopin en el mundo; sin embargo, el noventa por ciento no lo hace correctamente, por lo que el público se ha hecho una idea un tanto equivocada de su música”, señala el pianista ruso, para quien la música del polaco exige un alto nivel de preparación. “Sólo cuando consigues combinar todo ese aprendizaje descubres el milagro que escribió”, señala Andrey.
También se ha hablado mucho de la escuela pianística rusa, un concepto que ha cambiado con el paso de los años y el efecto globalizador.“Como patriota que soy tengo que decir que es la mejor, pero es verdad que los intérpretes rusos hoy se mueven por todo el mundo y la identidad musical ya no está tan clara. Sin embargo, tenemos una gran tradición musical y es necesario velar por ella”, asegura Yaroshinsky, al que no gusta el término globalización aplicado a este arte, “porque la música debe estar separada del tiempo y la política”. Para el pianista ruso lo mejor “es combinar las mejores aportaciones de cada escuela, y la rusa puede aportar el poder y la confianza que inspira su técnica”, principios básicos que el propio Andrey ha intentado preservar en su crecimiento como intérprete. “Cuando toco música rusa me siento en casa”, asegura.
Su postura respecto a los certámenes internacionales –algunos de los cuales ha ganado– es la de respeto. Incluso va más allá al reconocer que sin ellos es casi imposible hacer una carrera. No obstante, señala que más allá de la medalla lo que importa es la verdadera personalidad del músico.
Andrey Yaroshinsky transmite a lo largo de la conversación seguridad en sí mismo y una relajación que lo alejan del intérprete obsesionado con su profesión. Sin haberlo visto tocar uno diría que disfruta realmente con su trabajo. “Soy una persona feliz, pero sería un idealista si dijera que siempre he trabajado tan cómodo. Todo exige un esfuerzo, pero cuando ese esfuerzo lo haces en algo que te gusta no lo es tanto. La música es algo muy serio, pero por suerte también está llena de humor”.
Aunque suene a tópico no puedo por menos que preguntar a Yaroshinsky por su preferencia a la hora de tocar solo o acompañando a una gran orquesta, como sucederá mañana viernes con la interpretación del Concierto nº 5 de Beethoven, también conocido por el sobrenombre de ‘Emperador’. “Lógicamente tocar solo te da una mayor libertad, pero cuando lo haces con la orquesta te sientes un poco el líder, una sensación que se vuelve más intensa cuando interpretas una obra como ‘Emperador’, que te reviste de autoridad”.
Eutherpe ha calado muy hondo en este joven intérprete ruso, hasta el punto de confesar que ama a esta gran familia con todo su corazón. “En León no me siento como un invitado sino en mi propia casa. La ciudad tiene otro ritmo. Cuando estoy en Moscú voy corriendo a todas partes. Aunque no tengas que hacerlo, siempre corres. Por el contrario, en León tienes la posibilidad de relajarte y llenarte de la energía de la gente, que siempre me dura hasta la siguiente visita”.

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