OPINIÓN

Aunque no lo sea de nacimiento, por pacencia y docencia de muchos años, mis sentimientos son también leoneses.

Por eso asisto perplejo y preocupado, como otros muchos, al desastre cultural que se está gestando y que, según las últimas nuevas oficiales, ambos bandos políticos gobernantes parecen no querer ponerle remedio.

Me estoy refiriendo al fin que pretenden dar a los muy importantes hallazgos arqueológicos relacionados con la ciudad de Lancia.

Antes de más deben saber, quienes aún lo desconozcan, que en los altos de Villasabariego que observan según se dirigen, por carretera, desde Puente Villarente a Mansilla de las Mulas, ocultas bajo un fértil manto que las protege, están enterrados dos muy antiguas ciudades.

Una fue la máxima astura urbs (capital de los astures), según Dión Casio, validísima civitas Lancea (muy importante ciudad de Lancia, según Lucio Floro y Lance, Lankian, Lanciati, según Orosio y otros.

Además está la que, después de su conquista, de nuevo fuera muy importante ciudad romana durante varios siglos, asentada sobre la astur y que, por expreso deseo del Augusto y de su Legado Carisio, no fue destruida para que sirviera como el mejor monumento de la victoria romana.

Salvando la excepcionalidad de Atapuerca, este castro contiene el más importante y extenso yacimiento arqueológico de la Comunidad y uno de los más importantes de España, del que sólo aparecen a nuestra vista algunos restos protegidos. Ha sufrido un gran expolio pero aún contiene una insospechada potencialidad.

Ahora parece que la destrucción puede ser oficial, como ya lo fueran, en aras del progreso, los restos encontrados en la fértil vega desde el castro hasta el Astura, nuestro Esla, y el antiguo Onza (actual río Moros), en su anterior cauce.

Allí estuvieron instaladas, en sus campamentos, las tres Legiones que asediaron Lancia, según el testimonio de los citados autores clásicos, basados en la fidedigna fuente de Tito Livio, cronista de las guerras romanas.

También fue destruida entonces la documentada calzada romana que llegaba, pasando por Lancia, hasta el recién nacido León y las muchas domus (propiedades residenciales) concedidas como premio a los legionarios vencedores en Lancia, al tiempo que otros lo recibían en la naciente Emérita Augusta (Mérida), creada con ese fin.

Ahí están los orígenes y raíces de nuestro León pues, una vez conquistada Lancia, tras la gesta por parte de sus defensores, no suficientemente valorada y enaltecida, una de las victoriosas Legiones, la VI Victrix, de camino hacia el sometimiento de astures, vadinienses y cántabros, asentó su campamento entre el Torío y el Bernesga, donde más tarde lo hiciera la VII Gémina, cerca de donde, mucho antes, los astures lancienses fueran pobladores del castro de La Candamia.

Podría escribirles ahora sobre el penoso espectáculo, que proporcionan a la vista las abandonadas Cuevas Menudas, que pudieran haber supuesto un hermoso, pero perdido yacimiento arqueológico más, como no pretendo darles una lección de historia, sigo con unas consideraciones.

¿Dónde está eso de la “defensa a ultranza de los intereses culturales”, que exhiben en sus programas electorales los partidos políticos y luego, a la hora de gobernar, queda olvidado en el papel impreso?

¿Qué clase de catas arqueológicas se han hecho en esos lugares donde, podían suponer muy fundadamente, que iban a aparecer restos, como los ahora sacados a la luz de forma casual?

¿Qué ocurre en otras Comunidades autónomas, con mayor sensibilidad cultural, cuando encuentran restos tan importantes de sus ancestros?

Más en concreto: ¿Qué hubiese pasado si, en situación similar a la que nos ocupa, los restos hubieran sido celtas y encontrados en Galicia o vacceos y hallados en las proximidades de “la capital” de nuestra Comunidad?

Hace tiempo que los lugares de Lancia debieran haber sido declarados como Bienes de MUY ALTO interés cultural. Más bien lo parecen de MUY BAJO, por lo que estamos presenciando.

Aún se está a tiempo y confío que, quienes deben asesorar y decidir en este tema, lo hagan con verdadera sensibilidad cultural. Sólo así se ganarán nuestro respeto, consideración y agradecimiento.

Termino felicitando y dando las gracias, de corazón, a cuantos están trabajando, con tanto esfuerzo y entusiasmo, por salvar nuestro valioso patrimonio cultural.

Julián González Prieto
Autor de “Lancia, pesadilla augusta.

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