Estoy escribiendo, y aunque no puedo ni quiero dejar de ser católico al escribir, voy a intentar hacerlo – y jamás ofendiendo-para esa mayoría de católicos de buena fe, pero con pocas convicciones y se han dejado arrastrar por los “avances” de la ciencia.

Y me voy a referir a la fecundación “in vitro”. FIV, como ahora gustan denominarla.

Sabemos que la Iglesia Católica nos enseña, en la Encíclica Humane Vitae, que en el amor conyugal no se pueden separar la conexión del significado unitivo del significado procreativo. Hablando claro, que el matrimonio exige una responsabilidad, y que el dormitorio no es el “reservado” de un club nocturno.

He sido claro y me temo, que voy a ser criticado inútilmente, pues sólo invito a una postura y que la acepte el que quiera. El escribir es para que se tome conciencia de que no todos los avances científicos son aceptables moralmente. Es frecuente oír: Pobrecillos, no podían tener hijos y ahora con la FIV ya lo pueden conseguir. El sentimentalismo no puede suplantar a la Moral católica, si somos católicos conscientes de a lo que obliga el ser y practicar estas creencias. Ya la consecución del semen repugna la manera de conseguirlo.

Otra cuestión es que se fecundan varios óvulos, para tener garantías, y de los múltiples obtenidos se implantan los que interesan, y el resto…triste, pero verdad, son congelados. Pero llega el problema y el católico que no estaba conforme con mi opinión, puede sacar sus consecuencias. Hay que desembarazarse de los embriones, que son proyectos humanos, como tú y como yo hemos sido.

Se pensó, de la mano de aquel Dr. Soria, que se podían utilizar como células embrionarias. Y fracasó el funesto proyecto.

La Ley de Reproducción Asistida en 2006 preveía crear un Registro de donantes, otro de actividad y resultados. En Cataluña, la única con Registro, hay 61.000 embriones congelados, cuatro veces más que en 2001. En un reportaje del País (22-o4-2011), “todos los responsables de las Clínicas consultados, coinciden en que el número de embriones aumenta y no se sabe qué hacer con ellos.

La Ley de 2006 pensaba en cuatro posibles “salidas” para los embriones: Guardarlos para una posible utilización futura. Donarles a otra pareja. Destinarles para investigación o destruirlos, que es lo mismo. Ahora se reclama que las parejas asuman con los embriones que dejan detrás, tanto si logran su objetivo (un 350%) o han abandonado el proceso. Reprocharles que no se sientan responsables del “sobrante”, ni tiene sentido ni fuerza moral, ante tanta inmoralidad.

Nos creíamos los más” avanzados” en Legislación en Europa,. y el único “problema”… era la Iglesia Católica. ¡Cuánto cinismo y amoralidad!, Todo para exculparse

Fdo. Alfredo Hernández Sacristán

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